Gran periodista nariñense de la primera parte del siglo XX, Rafael Delgado Chaves, es El Personaje 10.

Columnista Invitada: Rosa Isabel Zarama Rincón

Para los investigadores e interesados en la historia y la cultura de Nariño en los primeros lustros del siglo XX, es fundamental consultar Ilustración Nariñense (1924-1955), debido a la seriedad de la revista, que ofreció una perspectiva sólida de los sucesos que ocurrieron en el departamento. El alma de la publicación fue Rafael Delgado Chaves (Pasto 1884-1955), fundador, director, periodista, fotógrafo y vendedor.

Ilustración se caracterizó por sus artículos argumentados y comprometidos con el progreso de Nariño, para ello contó con la colaboración de reconocidos intelectuales del departamento entre lo que se destacaron: Rafael Sañudo e Ignacio Rodríguez Guerrero, poetas como Cecilia Guerrero y, principalmente, los artículos de su propietario.

Delgado ilustró los temas con excelentes fotografías, creó una diagramación armoniosa y se preocupó por la buena calidad del papel. Ilustración Nariñense tenía un propósito cultural; además, era una revista amena, actualizada y ágil. De esta manera, respondió a los requerimientos de la ciudadanía, quien fielmente adquirió los números y, asimismo, en sus páginas contrató la publicidad comercial. Todo lo anterior contribuyó a que a lo largo de más de 31 años circulara en numerosos municipios del departamento de Nariño. Luego del fallecimiento de su fundador, continuó por algún tiempo bajo la tutela de Ildefonso Paz y Sergio Elías Ortiz.

Rafael Delgado Chaves, hijo de Leónidas Delgado Flores y de Carmen Chaves Gálvez, aprendió a luchar desde pequeño, porque siendo niño quedó huérfano de padre y unos años después murió su madre. En esas circunstancias, don Rafael y sus hermanos Samuel y Norberto José quedaron en manos de su abuela paterna, doña María Flores, quien falleció al poco tiempo.

Aún muy jóvenes, Rafael junto con Norberto José iniciaron su formación religiosa en la comunidad de los hermanos maristas. Esa experiencia, en donde predominó la austeridad y la exigencia, fue decisiva en su vida, porque además contribuyó a darle una solvente formación académica y católica. Entretanto, Samuel, también optó por la vida religiosa al ingresar al oratorio de San Felipe Neri de Pasto. Don Rafael como hermano marista trabajó en Popayán, Buga, Ibagué y Bogotá. Luego, viajó a Francia por un corto tiempo, sus habilidades para el periodismo y la fotografía se nutrieron, en parte, por su espíritu inquieto y  sus experiencias en las ciudades colombianas y europeas, antes de que estallara la Primera Guerra Mundial.

Salió de la comunidad marista y retornó a Pasto. Aprendió artes gráficas de su padre, quien lo inició en la imprenta; posteriormente, esos conocimientos los perfeccionó en la Imprenta del Departamento de Nariño, en los cursos que recibió de tipografía y fotograbado. Para los cursos de fotograbado, el gobernador Julián Bucheli contrató a un técnico para que enseñará a los interesados, conocimientos que consolidó cuando fue nombrado director de ese taller. Su vocación artística y sus habilidades manuales se expresaron en la diagramación de Ilustración Nariñense y en los dibujos que realizó como pasatiempo. Impartió las materias de francés, geometría y dibujo a sus estudiantes de la Universidad de Nariño, de la Escuela Normal y del Batallón Boyacá.

Las vivencias infantiles y juveniles forjaron su carácter: hombre dulce, de buen genio, sencillo, calmado, católico, que aprendió a sortear las adversidades de la vida. Algunas de sus inquietudes intelectuales y su compromiso con el departamento de Nariño las compartió con su hermano Samuel Delgado, autor del libro: Portaliras Nariñenses (1928), quien recopiló poesías para demostrarle a Colombia el talento poético de hombres y de mujeres de Nariño; además, el religioso neriano en numerosas ocasiones colaboró en Ilustración, algunas de ellas, como jurado de concursos de poesía.

Delgado, durante su vida como director de la revista incrementó permanentemente sus intereses periodísticos gracias a los canjes que logró con revistas de muchas ciudades del mundo; material que estaba a buen resguardo en su casa, donde había un recinto repleto de revistas que daban cuenta de ese intercambio. En ese hogar, ubicado en la carrera 25 entre 13 y 14, desarrolló sus aptitudes empresariales: tenía su estudio donde numerosas personas acudieron a solicitar sus servicios como fotógrafo; entre sus clientes también se encontraban la gobernación de Nariño y los colegios. En el enorme huerto de su casa ubicó el taller en donde se imprimía la revista.

Disfrutaba de la jardinería y de la horticultura. En el huerto sembraba hortalizas y flores como claveles y rosas, a cada nieto le asignó unas áreas para que cultivara esas plantas. Muchas de esas flores se convirtieron en arreglos y coronas fúnebres que se vendían en la floristería que se encontraba en los bajos de su residencia. En esa tarea doña Concepción Caicedo Delgado, su esposa, fue su aliada.

Los nueve hijos del matrimonio fueron: Carmen Elvira, Blanca Alicia, Ligia Ester, Carlos Javier, Tomás, Miguel Antonio, Celina Concepción, María Fanny y Nancy Stella. Era un padre cariñoso, en ocasiones viajaba por tierra con alguno de sus hijos para realizar entrevistas y así obtener material para su revista, como el periplo que realizó a Cali para cumplir con ese propósito. Sus tres hijos hombres murieron en la infancia, hechos que provocaron un hondo dolor en la familia.

Rafael Delgado Chaves hombre versátil, inteligente y generoso; por quien la sociedad nariñense siente permanente admiración, respeto y cariño.

La autora agradece a María Eugenia Guerrero de Moncayo, a Nicolás Cortés Delgado y a José Fernando Santacruz Delgado nietos del matrimonio Delgado Caicedo, quienes con sus testimonios y con las fotografías contribuyeron en la elaboración de este escrito.

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