II Parte. Nubes Verdes. Antología de Poesía viva Nariñense-Carchense

 

Por: Julio César Goyes Narváez

Docente e investigador del IECO

Universidad Nacional de Colombia.

Lenguaje y poesía.

Todas estas acciones vitales que señalan los escritores que presentan la antología, no son otra cosa que lectura y escritura, en todo el sentido de la creación. Si la lectura es una dilucidación, como pensó Heidegger, un debate que debe conducirnos al lugar originario de la reunión, al logos, a la morada que recoge y defiende de la dispersión, ésta experiencia de lectura-escritura de la antología Nubes verdes, es un recogimiento, pero no intenta proponer ninguna solución al misterio que aguarda en los imaginarios poéticos del sur. Sólo hemos intentando leerlos, recoger nuestro pensamiento y nuestra emoción en torno de los poetas de las dos orillas de un mismo río que fluye en el inconsciente de nuestras abismales y fulgurantes vidas: El Carchi-Guáitara.

El secreto de estas escrituras no reside en una artificial voluntad de estilo, ni en querer hablar como lo hace el pueblo o, incluso, universalizar lo local hasta el punto de que la provincia llegue a parecerse a cualquier pueblo del mundo, perdiendo su gesto y su don. Quizá el secreto de esta antología esté en que estos poetas han sido capaces de recoger el dialecto andino nariñense-carchense o carchense-nariñense –el orden es irrelevante en el afecto–,y han dejado que estos poemas no sean otra cosa que un eco, un resonar de aquella forma de hablar y vivir, de soñar y amar.

Cuando el poeta renuncia agonísticamente a la relación vieja y, a veces manida, entre la palabra y el mundo, el lenguaje y lo real, entonces aflora una nueva palabra y resplandece una nueva realidad, así habla y dice de manera distinta el origen, la tierra lírica, la ciudad fatigada, los días porvenir.

El dialecto es la cantera de cualquier lengua madura, es por allí por donde se da el retorno a la fuente originaria del lenguaje que es la imaginación y experiencia de un pueblo. Es por allí por donde al lector le interesa la lectura y la escritura que le aflorará algún día. La performancia del habla remite a la poesía que es la morada diaria del que se sabe vivo.

Las herencias.

En mis composiciones no me he contentado con imitar, sino que yo he hecho revolución, los poetas mediocres se parecen a los hombres resignados, que viven contentos y satisfechos con la virtud del buey; el poeta de verdad reta al ruiseñor, cuando lo ve cara a cara para enseñarle un nuevo cantar…”. (Florentino Bustos. En Nubes Verdes, No. 42. Ipiales: Tipografía Popular, Julio de 1968).[1]

Desde estas coordenadas situamos algunos herencias del lenguaje en su vertiente poética clásica y moderna; aquellas que van del verso al poema, del libro a la escritura poética; desde la métrica y su ritmo exterior o rima, pasando por los ritmos interiores del romanticismo y su irreconciliable dolor autobiográfico, al versolibrismo de armonías salvajes, al poema como espacio donde se arremolina el tiempo y el silencio, donde fluye el lenguaje como escritura, donde aflora el sujeto del inconsciente que pinta o hace música, o las dos. El dibujo y metáfora aislada, coleccinada por el hacedor de versos ha caído. No son la patria, la tierra y la amada, los temas centrales de la inspiración. Ya no estamos bajo la presión de las formas ni de los puras preceptivas, no andamos con modelos o poéticas emitativas, ahora cruzamos a nado los ríos que quedan, lo ríos de piedras como el Guáitara-Carchi, en aventura pero en alerta. No es éste el tiempo detornear versos como si fueran vasijas de barro para los museos, muy pocos se empeñan en esculpir poemas como monumentos, asumimos el tremendo avatar del libro y la escritura que como una inundación arrebata géneros, módelos y formatos. De la poesía pensada, asincelada, entramos en el poesía sentida, surgida del puro fluir de la palabra, de su contención y ostentación del habla, no costumbrista y arcaica, sino idiolectal y performática, individual, imaginativa, barroca; estamos horadando la gramática de la lengua para que surja el sujeto que la enseña y sueña, para que la haga delirar. El poema responde a la experiencia del poeta, es decir, a su pulsión y su deseo, a su cuerpo y su justicia. ¿Pero sin el Otro y Lo Otro, que sería de la experiencia del poeta? “El ojo no es ojo porque tu lo ves, sino porque el te mira”, cantaba don Antonio Machado. La poesía como eficacia simbolíca donde habita el sujeto universal localizado en cualquier habitación o choza, en cualquier rincón o cuchitril, tan lúcido como intuitivo, tan abatido como regocijado, tan popular y de acá, como clásico y de allá. Nómade, múltiple, performático. La eras imaginarias que pensó Lezama Lima hace rato están entre nosostros, nos intertextualizan, nos conjugan, se mezclan sin piedad en la carne del poema. Quizá ya definitivamente somos ciudadanos del mundo, nuestra parroquía está en las redes sociales de New York, Tokio o Sau Paulo.

Deseo señalar algunos momentos afortunados en algunas antologías de poesía editadas. Iniciemos con “Portaliras Nariñenses”, una antología publicada en Quito, Ecuador, en la Tipografía Salesianas, está fechada 1928. El libro surge en el contexto del primer centenario de la fundación Neriana de Pasto. En la página posterior al título del libro se lee: “Con aprobación Eclesiásitica”. La patria, la tierra y la santisima vírgen resuenan en sus páginas. 62 poetas aparecen distribuidos en tres libros que se puede leer como tres generaciones. Reconocemos entre sus autores a Alberto Montezuma, Guillermo Edmundo Chaves, Luis Felipe de la Rosa, Leopoldo López Alvarez, Florentino Bustos, Teófilo Alban Ramos, Anibal Micolta, Julia Eraso Ch. de Inestrosa, Celmira Gomez, Evangelina Eraso, Rosario Gomez, entre otros. Una curiosidad: las poetizas aparecen en el libro tercero, al final, cada una con un poema, algunas de ellas con fotografía, tal como ocurre con otros autores, sobre todo los eclesiásticos. No obstante, Portaliras tiene el mérito de mapear  poéticamente a Nariño, así la temática este reconcentrada en una tendencia religiosa.

Dice su prologuista Samuel Delgado, que es la primera vez que se publica “una colección de rimas” para poder analizar en ellas el desarrollo de la poesía nariñense y “la fuerza potencial de sus cultivadores”;  no obstante, advierte que por esta antología no se puede evaluar a sus autores, pues sus mejores obras no han sido todavía rescatadas. Y habla del tributo a la imperfección humana, pues el libro es un ensayo, una muestra nada más del númen de la poesía. Llama mi atención un par de párrafos, pues como otros que leeremos en seguida, parecen actuales:

Hasta ahora, ha figurado el Departamento de Nariño, como entidad sinluces en la república de las Letras; así lo han proclamado en todos los tonos los enemigos gratuitos de Pasto, y, por lo mismo, del Sur de Colombia; y no porque en justicia tal calificativo merezca nuestro Departamento, sino más bien por la mal entendida modestia de sus hijos, por no decir encogimiento y egoísmo de los mismos.[2]

(…)

Bien deséabamos que se destacase con más gallardía la presente Antología, pues de buena fe nos alucinábamos con la cooperación de nariñenses que se distinguen por su ilustración y dotes poéticas; más una triste realidad vino luégo a convencernos de que nuestro llamamiento había sido baladí; y, por otra parte, como nadie goza del dón de profecía en la propia tierra, y menos en la urbe teológica, nuestra labor, por lo expuesto, no realiza toda la finalidad que presetendíamos, y que consistía en presentar un número no escaso de los mejores versicultores, para desvanecer así los rancios prejuicios de los connacionales del Norte.[3]

Los nariñenses tendríamos que esperar más de cuatro décadas para que las impresiones de Samuel Delgado encontraran salida, al menos en una de sus vertientes, pues la gloria que encuentra para Colombia desde Nariño el poeta inigualable que habitó en Aurelio Arturo, dejará para la memoria de las generaciones su silencio envuelto en lectura y cuentos de maravilla, su infancia poderosa arrobada por la música del paisaje y el temblor del pájaro en la hoja. No hay otra morada donde podamos habitar desde entonces.

Tomemos enseguida las ideas del humanista y periodista Victor Sánchez Montenegro, fundador de la revista “La literatura en el sur” y “Plumadas” junto a Emiliano Díaz del Castillo y Teófilo Álban Ramos. A propósito del libro de poesías de este último, publicado en 1949en edición oficial por la imprenta del departamento, Víctor Sánchez  hace un prólogo extenso y curioso, pues antes de introducir la obra del ilustre poeta de Barbacoas, configura un estudio de la poesía universal y repasa la poesía nariñense de principios de siglo, incluso hace un esquema de sus literatos e intelectuales. El prólogo termina con cortas reseñas de importantes e ilustres intelectuales, literatos y poetas nariñeneses, teniendo cuidado de señalar los que ya han muerto. La fecha de cuartada es a partir de 1916 (época de los centenaristas y nuevos en Colombia); tiene ya el mérito de no citar sólo a los poetas nacidos en Pasto, sino en varios territorios nariñenses e incluso destaca la grandeza lírica de los poetas de la costa pacífica. Además de hacer un panoráma de la literatura femenina de Nariño. Cabe destacar que en este esquema biográfico aparecen los poetas de Tuquerres Anibal Micolta, de la Unión Aurelio Arturo, el Tumaqueño Guillermo Payán Archer, el ya citado barbacoano Teófilo Albán y el vate ipialeño Florentino Bustos, entre una variedad considerable que oscila entre literatos, antropólogos, filólogos y estudiosos del derecho y la política. Es por esto que nos parece “curioso” el prólogo, un pretexto para contextualizar al amigo, al poeta, sin cuidar distancia alguna entre las disciplinas y las artes, además de no antologar poemas de los poetas citados, sino de resaltar al poeta de Barbacoas laureado 1919 en el Colón en Bogotá con su poema al “Santuario de Las Lajas”; no obstante, es un texto interesante, hasta cierto punto clave para comprender el desarrollo de la imaginación poética en Nariño, pues habla de la vieja preceptiva de Alvarez Bonilla, de la poética y retórica a la asunza de Ruben Dario, y describe las líneas de fuga que propuso el romanticismo de Victor Hugo, aunque tardiamente aclimatadas por Eduardo Castillo y Julio Flórez y sus imitadores en Colombia,  y, además, asegura que sus coterráneos conocieron los esmaltes y camafeos parnasianos de Teofilo Gautier y las potentes energías de la estética fugaz y perdurable de Charles Baudelaire, su alegoría de la vida que se extingue y que lentamente minaba el neoclacisimo y parnasianismo que sobrevivía anquilosando los versos alambicados de los gramáticos de la época. Falta desde luego, un estudio crítico para constatar como estás lecturas fueron asimiladas, y no un cita superficial y teórica, pues a simple vista no se alcanza a percibir sensualidad alguna, ni penetración en el lenguaje simbolista, menos contradicción entre la fuerza demioniaca que impulsa y aquella otra angelical que retiene. No obstante, oígamos a Víctor Sánchez en 1949, en algunos frentes parece actual:

Dije en capítulo anterior que las modas literarias de Europa y otras partes de América estaban pasando, mientras que en Colombia se acentuaban concaracteres de persistencia, debido a la ignorancia de nuestros medios literarios. Si ésto sucedió enla capital de la república, qué podría esperarse de las ciiudades provinicianas, especialmente de aquellas que estaban desvinculadas de la corriente nacional, por falta de vías de comunicación, como sucedía en el Departamento de Nariño. De modo que la agitación cultural de estas tierras era cosa autóctona, hija de su propio esfuerzo, como casi todo lo que tenemos actualmente, sin que se deba mucho a los poderes centrales, que poco se preocupaban por el adelantado material o espíritual de estas regiones que por su idiosincrasia, son semillero de tradiciones y focos principales de los más puros recuerdos de la raza. Si en otras latitudes había desaparecido el romanticismo y otros ismos nuevos, aquí estaban los literatos regionales apegados a esa especie de religión del sentimiento, después de haber hecho pedazos aquel nefasto neoclasisismo que aplebeyó las conciencias y mató la chispa de inspiración en casi todos los espíritus.[4]

Otra antología importante y esencial para encuadrar Nubes Verdes, es La antología de la poesía Nariñense, selección y presentación de José Felix Castro, editorial Publicitaria, Bogotá, 1975. Fue en esta antología que leí por primera vez a Aurelio Arturo, eran las vacaciones del 76 en Pasto; años después conocería a la familia Castro Castelblanco en Bogotá, quizá también por ello le guardo a este libro un especial cariño.

En la presentación, el vate Castro señala varios aspectos que me parecen relevantes: el difícil acceso a las bibliografías, precarios medios de publicación, costos y carencia de  entidades encargadas de divulgar el libro y “autores que su inmensa obra guardan en cuadernos de silencio”. Luego explica que incluye en la selección

aquéllos cantos diáfanos, que son patrimonio del pueblo, repetidos por éste en veladas familiares, en clausuras de estudios, en la calle y en los atardeceres campesinos, a ratos acompañados de guitarra, a la sombra de un arrayán.[5]

José Félix Castro, dueño de una editorial, director de programas radiales, periodista, humanista, asume el proyecto de publicar una antología de poesía y lo hace incluyendo autores de renombrada valía como Aurelio Arturo Martínez, quien inicia el libro con  su inmortal “Morada al sur”; le siguen  otros: Teófilo Albán Ramos, Faustino Arias, Juan Alvarez Garzón, Manuel Benítez Ducler, Guillermo Edmundo Cháves, Luis Felipe de la Rosa, Cecilia Guerrero Orbegozo, Blanca Morillo, Alberto Montezuma Hurtado, Anibal Micolta, Camilo Orbes Moreno, Guillermo Payán Archer, Alberto Quijano Guerrero, Ignacio Rodríguez Guerrero,  Blanca de Sánchez Montenegro y otros tantos, en los que se incluye el propio Felix Castro; en suma se antologan 44 poetas. La mayoría de estos, sino todos, están  libando con las musas en algún lugar andino del Olimpo. Gracias a ellos hay una agenciamiento de la poesía, en tonos, estilos y géneros, hacia las nuevas generaciones, las mismas que hoy expresan, comunican o sitúan la experiencia de escribir un poema en Nubes Verdes. Sólo el nadaismo y la posvanguardias más agresivas intentaron desligar la tradición, negarla, vilipendiarla; era la época de un país ruralizado hasta la mediocridad, con ciudades a medio escribir que aún hoy dibujan el mapa miserable del conflicto, llena de tachones sociales y errores políticos. Había que hacerlo, se ha dicho, y se hizo. Es cierto, la poesía es subversiva y promueve la innovación sentimental y el comportamiento generacional, pero de allí, de esa disidencia a borrar las huellas de la palabra de poetas como Aurelio Arturo, Faustino Arias, Teófilo Álban, Florentino Bustos, Luis Felipe de la Rosa o Payán Archer, hay una gran diferencia. El combate no es contra los poetas anteriores, sino con ellos y sobre todo, con él lenguaje dentro del lenguaje y en relación al hombre en tanto cuerpo, sudor y sangre.

Como no recordar al maestro Artemio Davila Chaves y su taller de poesía TALPOCOLSU (Taller de poesía del Colegio Nacional Sucre con más de una década de existencia, que funcionó hasta la muerte del poeta de Contadero), y sus dos libros Más allá del horizonte y Poemas a la  Madre, textos que incluyen más de 50 poetas jóvenes nariñenses; hoy, en su mayoría, seguramente excelentes lectores.[6]

“Palabras sin Fronteras”, es un poemario que compila creaciones de escritores reunidos en el Primer Encuentro de Escritores Colombo–Ecuatorianos, celebrado en la Cámara de Comercio de la ciudad de Ipiales, gracias a la intervención de la Fundación Alba Vida, publicado en enero del 2.000  (72 páginas), con apoyo de la Casa de Poesía Silva y la Alcaldía Mayor de Santa Fe de Bogotá, D.C[7]. Las memorias fueron elaboradas por Luis Cabrera. De la presentación que estuvo a cargo de Álvaro Andrade, presidente de la fundación Alba Vida, extractamos lo que sigue:

Con nuestra convocatoria no intentamos revivir el Quijote, pero tengo la firme convicción de que mientras haya vida humana, él estará vigente. Es a través de nuestros sueños, de nuestras ilusiones, y de ese cúmulo de planes que todo ser humano crea su quijotesco futuro. Aquí se plasma el esfuerzo, esa gana inalterable, como la savia que de la sangre hace un rosal, y de dos puñales hacen espinas, aquí yacen palabra de amor, reflexión y ensueño, ilusión y esperanza, por un mundo en paz…(p. 3)

 En el libro se recogen, entre otros poetas, a los ecuatorianos Ramiro Almeida, Carlos Pozo Romo y Gloria Santacruz, y a los colombianos Arturo Bolaños,  Jaime Huertas y Luis Ramón López. Es una antología de 11 poetas bastante desigual no sólo en su calidad, sino en el desequilibrio de su extensión. El prólogo es una especie de interpretación de los salmos de la creación del mundo, en cuyo proceso de sombras aparece la poesía. Tiene el valor, eso sí, de integrar a poetas de los dos países.

Quiero señalar como significativa la compilación y selección que hiciera el poeta Javier Rodrizales, profesor de la universidad de Nariño, hoy director del taller de escritores Awasca. Entre otras cosas, Awasca es un taller y una revista significativos para un buen número de poetas que publican en la antología Nubes Verdes[8]. El merito del poeta Rodrizales es antologar un buen número de creadores a lo largo y ancho del departamento, 29 poetas  y 15 narradores, algunos comparten los dos géneros. Varios de estos autores seleccionados por Rodrizales aparecen en Nubes Verdes: Juan Revelo, Julio César Chamorro, Lydia Inés Muñoz, Maria Isola Salazar, Carlos Palma, Augusto Rincón, Arturo Prado Lima, Piedad Figueroa, Arturo Bolaños, Adriana Enriquez y otros más. Además, hace una reseña de movimientos y revistas que han jalonado la literatura y monta una novedoza muestra de narrativa nariñense, tan necesaria en nuestro territorio como dispositivo estético y escritural en variedad de tramas y fondos. Lástima el tiraje y su difusión, tal vez valga la pena reeditarla revisándola y reintroduciendo un estudio en su presentación. De su texto introductorio extraigo este fragmento:

 

Quizá el deber del poeta –dice Adamov- es el penetrarse bien de la desesperación de la que su época está hecha. La poesía es guerra y ha nacido del dolor. Toda creación es una desgarradura. Todo hecho es un estímulo que puede suscitar una infinita serie de pensamientos. La labor del poeta debe ser  constante, pide una entrega absoluta, total, casi ritual. Para que una obra se produzca ha sido necesaria la innovación, el holocausto, el sacrificio.[9]

Se destaca también la antología de poesía colombiana Nuevas Voces de fin de Siglo, selección y prólogo del poeta ipialeño Juan Revelo.[10] Cito esta antología que tiene carácter nacional, en primer lugar, porque es la apuesta de un nariñense y, en segundo lugar, porque en sus copiosas páginas que dan cuenta de la producción nacional por departamento, aparecen varios nariñenses que hacen parte de la antología Nubes Verdes, entre ellos Edgar Bastidas Urresty, Arturo Bolaños, Piedad Figueroa, Lydia Inés  Muñoz Cordero, Adriana Rosero,  María Isola Salazar, Carlos Vásquez Zawadzki.

Del lado ecuatoriano no quiero pasar desapercibido la propuesta del poeta Luis Enrique Fierro y su libro “Hacia una nueva Antología Poética, Visión de la Poesía Carchense a través de la Metáfora”, compilación de poemas de escritores oriundos de la Provincia del Carchi, obra publicada por la Casa de Cultura “Benjamín Carrión”, Núcleo del Carchi en el año 2004. Entre sus páginas se encuentran casi todos los poetas carchenses antologados en Nubes Verdes.

Selección de poemas por: J. Mauricio Chaves Bustos

Felix Yepez Pazos

HOMBRE QUE SUEÑA

De vez en cuando llega un duende

a darme de cucharadas

sus poemas;

siempre viene a pie,

casi solo,

me cuenta, uno por uno,

los hijos que se abrió como una herida

y se olvidó ayer en el camino.

Los nombra,

los cubre de sol sin darse cuenta,

les deja la imagen de un pan

de redondez vacía.

Ese hombre que sueña

tiene un río atravesado en la garganta,

y la tarde repleta sobre el hombro;

es algo parecido al otro lado

de una gota compacta de verbena;

a una espina breve

que dura eternamente en su pupila.

Tiene un nombre

que le importa un bledo,

solo sabe que es él si es que lo llaman

– lo más probable-

para sepultarlo

en el barrio más pobre del olvido.

Pero no se deja cortar la voz

que la camina

casi siempre debajo de sus rutinas;

no se deja vencer

y escribe con la punta de su dedo

en el blanco papel de su camisa.

Es un hombre que todo lo perdona

menos aquello que adivina

y no le han roto todavía.

Gloria Santacruz de Pozo

CARTA AUSENTE

Soy mujer, caricia, amor y tiempo

soy Gloria amaneciendo en el presente

soy la mujer que hizo de la casa una alegría

soy mujer, universo enamorado.

Ahora

mirando la noche,

me siento universal en la tarea

soy gaviota recogida en cada sueño

soy velero hablando al horizonte.

Ahora, mi corazón se ha vuelto carta ausente

y es que nadie entendió que quiero recoger

la vendimia de los niños de mi mundo

que quiero para ellos hacer posdatas de esperanza

que quiero decirle a los demás

en mi saludo de carta

que soy un minuto de justicia

y que hablo por las mujeres que perdieron la

esperanza

Como quisiera contarles, paso a paso

verán aquí  se sigue subastan el hambre

y la libertad se esconde en cada puerta.

Y es que mi madre composición silencio

me sigue hablando como un amanecer frente a la vida

es que, es cierto

son tantos años

sigo amando

sé que es paso transitorio

pero qué bueno es tomar el amor con estas manos

y viajar con él a la estrellas.

Es cierto, escribo cartas

pero mi corazón es una carta ausente

que nunca dirá adiós a las verdades

ni sabré decir jamás conferencias que no existen

ni murmullos escapados

Ahora frente a esta carta ausente

creo que avanzo hacia el futuro

y en cada calle seguiré siendo

vocativo de alegría

perdón a los olvidos

mirada eterna

es definitiva carta sin ausencia

H. Kamilo Muñoz Chaves

PELOTA DE PAPEL

el vientre la infancia los parajes la tumba nuestras cuatro casas,

del ombligo para allá la muerte y el clavel,

pero el sonido de un riflazo —que mantuvo podrido al siervo—

ahuyentó a mamá mientras jugábamos afuera

con una lámina de aluminio a envolver la otredad opaca,

mamá nos tomó del hombro sin sorprenderse del sexo a los 9 años,

días duros dejando ir lo que venga

con el temor a que el prodigio volviera a pasar

y robara el pan escondido en la boca del vecino,

temor a la palabra desleída en el paladar,

temor de que la palabra amor nos cogiera de frente en un armario

que guardó para nosotros la casa,

temor a que el ruido blanco del algodón delatara el escondite

hay que salir de casa

dejar ir lo que comienza

cambiar de imagen de nombre

la canastilla del pan, las notas de viaje

salir de casa dejando(ser) rastro de mapa indescifrable

mascado por cuatro estómagos nocturnos

mientras Alberto toca el tiple

hay que salir e irse antes de regresar

soltar la pita del nacimiento

eso que va virando siempre las cuatro casas

(no)(ou)(no)(ou)

esta volita eres tu rodando en el valle

el vientre la infancia los parajes la tumba nuestras cuatro casas,

silencioso camino despeñado

miga que vira y recorre

pelota de papel

 la guerra teme que juguemos afuera

Henry A. Manrique  B.

EL ANDÉN

Del  andén de la casa vieja

se  desprende una sombra  cansada de querer.

Anoche recibió   caricias

y purificó los pecados que regaron

los amantes secretos.

Hoy amaneció con lisuras de sol.

El  andén de la casa vieja

ahora que lo besan las escobas

hace como si no supieran nada.

Humberto Napoleon Varela Robalino

CREDO

Creo firmemente

que la soledad

tiene forma de pez

pez en una lata de

                                   conserva.

Que el silencio

es nada más que una campana de sal

frágil

tan frágil como el cristal de la ventana

                                   que la lluvia

suena.

Que el desamor

es un pájaro desproporcionado

dentro de una jaula

mejor dentro de una catedral medieval.

Me pregunto

qué hay de la oscuridad

si la luz es más veloz que el sonido

por qué está siempre detrás de las puertas

antes de que lleguemos

de que nuestros nudos

golpeen esas tablas lisas.

Por qué los trajes negros

siempre van bien con la noche

y las flores rojas

dan vida a los trajes negros.

Creo

que el gentío es otro mar

repleto de peces

peces hombres

traganzuelos

hasta cuentos

tragan

piedras de

molino tragan.

En todo caso

esto es cosa mía

 ……………….

pero el agua es más turbia cada día.

J. Mauricio Chaves Bustos

ANTROPOS II

Vencedor de las especies

y de los géneros

– tardarías mucho en saber el daño que le hiciste a tu planeta con tu vencimiento –

regidor de destinos

y manipulador de historias

No naciste para la soledad

tuviste que asociarte

para transformar tu ambiente

y crear así tu Mundo

entonces la guerra te fue consustancial

y a la par de ella

engreído en tu razón

fundaste la humanidad

Olvidaste tu origen

te hiciste jerarca

y explotaste y exploraste el vasto Universo

el conocimiento te dio la primacía

y puso en desventaja a unos sobre otros

a los que volviste tus esclavos

El mito

te fue pretexto para crear

religiones y fundar dogmas

sobre las que aun te sostienes

sabiendo que con ello

distanciabas a unos de otros

en una fraternidad rota

imposible de reparar

Y cuando esas diferencias no te fueron suficientes

se crearon las de tu propia horda

en el cúmulo del capital

y fueron entonces divididos en ricos y pobres

en poseedores y desposeídos

en una construcción perfecta

que aun se mantiene

y aun mas

las diferencias de género

de dominio del fuerte sobre el supuestamente débil

y obligaste a tu propia madre

a permanecer en el escondrijo de la historia

y entonces el discurso

fue maquinal consubstanciación

para impulsar al macho

y el falo se volvió monumento

que aun se sostiene

pese a todo ataque a Wall Street

Es nuestra historia

antropos

que se suma a las barbaries

de lo que llamamos bestia

y que nos mantiene

en la frontera

de lo humano

y de lo animal.

Jorge Ramiro Almeida Revelo

EL POETA Y SU SONRISA

Puntual la flecha del arquero

danza en el teatro

de círculos concéntricos

más  el poeta

con sonrisa burlona

había madrugado

al encuentro de plutón

olvidando su talón de aquiles

del que sangran

asustadas mariposas

John Jairo Rodríguez Saavedra

BOGOTÁ TRAVEL RUTA IV

Brumas, setenta brumas hechas flecos, regadas en el suelo. Basuras, lugares envueltos en lugares, carteros jubilados que pasan por el aire como moscas gritando-llorando-muriendo sin cartas y sin rumbo. Yo no sé Berlín, ni Praga, ni Montevideo, ni Lima, pero aquí no llueve cuando llueve, y nieva a veces cada tanto cuando el amor espanta convertido en pie de foto, en café cerrado, en orfanato.

Ruidos, todo se transfigura en redondos ruidos que vagan tristes hasta detenerse violentamente en las alcantarillas. Cada pie levantado es una rueda que aliviana el viaje, que no necesita de gasolina o de zapato para buscar su muelle aunque no haya muelles disponibles.

Yo no sé Paris, pero intuyo Père Lachaise con cuervos sobre cabezas de ángeles de mármol que les sonríen a los fantasmas de Oscar Wilde y de Balzac cuando regresan de una noche tumultuosa vigilados por el Sena. Intuyo a Gabriela ahogada allá en sus propias razones de plástico, sin tener a quién llorarle un desayuno, rodando entre tanto frío y tanta casa. Intuyo a Gabriela con la tristeza hasta la médula mientras mira en la televisión española la única salvación de su lenguaje.

¿Pero quién era Gabriela? ¿Quién era yo cuando Gabriela fue Gabriela? Tienes cara de mueble de funeraria cuando ya todos se han ido. Me describió textual, me puso en página, me anotó en el libro del mundo con tinta indeleble, y me miró. Después, ropa interior de encaje, Wagner, Balada número uno de Chopin con hamburguesa congelada, jugo de naranja y cigarrillos mentolados. A las 80 horas, seconal, Aire France, bufanda blanca y Carpe Diem.

Yo no sé Bogotá, sus semáforos asmáticos, su parafernalia de laberinto gris, caótico y no fiesta. Yo no sé noviembre, su siniestro caudal de multitudes, sus martes sin voz, sin escenario. Yo no sé la muerte, su menstruación puntual, inigualable, su perfil de mademoiselle, su sed de mí cuando regrese a casa.

 


[1] Cf.Chaves Bustos Mauricio, Florentino Bustos (Ipiales 1983-1971),miércoles 16 de marzo de 2011. http://florentinobustos.blogspot.com/2011/03/florentino-bustos-estupinan-ipiales.html(Consulta del 23/04/2013)

 

[2]Cf. Delgado Samuel (selección y prólogo), Portaliras Nariñenses, Tipografía y Encuadernación Salesianas, Quito-Ecuador, 1928, p. 8

[3] Delgado Samuel, Op. Cit., p.10

[4] Cfr. Prólogo de Víctor Sánchez Montenegro al libro Poesías de Teófilo Albán Ramos, Biblioteca de Autores Nariñenses, Vol. II, Imprenta del Departamento- Pasto, 1949, p.XX

[5]Cfr. Castro José Félix (Selección y presentación), Antología de la poesía Nariñense, Editorial Publicitaria, Bogotá, 1975, p. 5

 

[6]Cfr. VVAA.,Mas Allá del Horizonte. Talpoculsu. Pasto: Correo de Nariño. 1988 y Poemas a la Madre. Varios Autores. Talpoculsu. Ipiales: Talleres Gráficos Nueva Imagen, 1996.

[7] Cfr. Palabras sin frontera, Ediciones Alba Vida, publicaciones y Artes OKEY, Bogotá, Enero de 2000.

[8] El taller de escritores AWASCA (aguasca: tejido) se fundó en 1974 cuando era jefe del departamento de Filosofía y Letras Alberto Quijano Guerrero; fueron directores, entre otros: el caldence Humberto Márquez Castaño, el valluno Gustavo Alvarez Gardezabal, los nariñenses Cecilia Caicedo Jurado, Edgar Bastidas Urresty y Jorge Verdugo Ponce, el italo-colombiano Bruno Mazzoldi, etc.

[9]Cfr. Rodrizales Javier,  Poetas y Narradores Nariñenses, Fundación Cultura  “Xexus Edita”, Pasto, Nariño, primera edición, 2001, p.7

[10] Cfr. Revelo Juan  (Selección y prólogo), Nuevas voces de fin de siglo, Epsilon Editores, primera edición, Medellín, 1999

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