La culpa es de Petro

A propósito de la más alta ola de contagios por covid-19 en Colombia, algunas autoridades aprovechan la coyuntura para acusar al senador Gustavo Petro de pirómano, en una supuesta intención de incendiar el país con pretensiones electorales, cuando en realidad como lo dice claramente Gustavo Bolívar, la responsabilidad por las malas políticas en salud en la aplicación y compra de vacunas compete a las más altas autoridades del gobierno.

En una ‘auto entrevista’ grabada en inglés, el mandatario de los colombianos sindica a Petro de que, supuestamente, se ha dedicado a hacerle oposición mediante manifestaciones y bloqueos lo que desdice la objetividad, ya que Petro no es el organizador ni dirigente del paro.

Considero que lo fundamental en la comunicación es exponer las trampas que se hacen a cualquier ciudadano, lo que va más allá del partidismo. Ese es el sentido.

En el fondo, lo realmente interesante es que permite analizar la aplicación de los 11 principios de la propaganda nazi promovida por el ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebels, conocido en la actualidad como el rey de las fakes news.

Si analizamos con detenimiento, la idea es hacer creer que Petro es una especie de personaje bíblico como Moisés que entierra su vara frente al mar Rojo y las aguas se separan, eleva sus manos y el pueblo lo sigue. Así de graciosos son (por no decir otra cosa).

El objetivo es construir una sistemática ola de calumnias en contra de Petro, para ello lo hacen todos los días. Lo culpan de todo lo que pasa en el país con la finalidad de hacerle creer al pueblo ignorante de que eso es una realidad y llenarlo de miedo. Lo que buscan, en el fondo, es indisponer a la gente en contra del senador para que dejen de brindarle apoyo o seguirlo.

Una de las estrategias de la propaganda Nazi es la orquestación, en la que una mentira la difunden por todos los medios y redes sociales, la repiten tantas veces para hacer creer que es verdad: “una mentira dicha varias veces se convierte en verdad.”

Es tan enorme el ridículo que hace el gobernante, que se le devuelve en burlas. Por ejemplo, cuando se presentó un derrumbe en una carretera, muchos memes se mofaban del mandatario para que declare que es culpa de Petro. Con ello, el ingenio colombiano no se ha hecho esperar con una serie de apuntes de humor en el que dejan por los suelos la falta de sesudez del mandatario (y, por el contrario, posicionan al senador como inteligente), o lo que en la expresión popular se dice que “le salió el tiro por la culata”.

Otro de los principios de la propaganda nazi es la transposición, en la que se busca echarle la culpa de todo lo malo que le ocurre al país a tu contendor. En aquel tiempo los chivos expiatorios eran los judíos. Hitler compara a los judíos con gérmenes; afirma que no se puede combatir una enfermedad sin destruir su origen. Con esta actitud se busca desviar la atención en la propia figura. Y eso es política de Estado en Colombia, precisamente: toda su incompetencia es culpa de su contendor político.

La propaganda perversa busca evitar que se muestren los hechos positivos del contradictor político para no hacer visibles sus bondades; mientras que el manipulador convierte en la gran noticia un hecho sin trascendencia. Aquí podríamos citar como ejemplo el caso de ‘matrícula cero’ que ya venía operando en algunas universidades del país, pero el gobierno lo anunció como un hecho de gran trascendencia. Es por ello que quien es objeto de la propaganda maliciosa debe actuar mucho tacto porque todo traspiés puede ser motivo para ridiculizarlo.

Ese es el empeño de la periodista Vicky Dávila, directora de revista Semana, en su obsesiva persecución al senador Gustavo Petro, que en alguna vez se atrevió a quitarle su zapato para mostrarlo al público que es de la marca Ferragamo. Esa persecución es tan sistemática que no hay edición que no le hagan una publicación desacreditando al senador.

Pero no solo es la susodicha revista, son varios medios de comunicación que atacan a Petro sin piedad, son unos medios generadores de violencia, en los que los periodistas ya no son comunicadores, sino que pasan a ser obsecuentes voceros de ciertos políticos. Sí, son escasos los que pueden llamarse periodistas, la mayoría no tienen mérito para actuar éticamente. Y lo que se conoce como medio de comunicación ahora son formadores de opinión que se encuentran al servicio del neoliberalismo.

Las bodegas son otro esquema para generar desprestigio de un candidato que goza de alta acogida entre los sectores populares. Las vienen poniendo en práctica en varios países: recordamos las elecciones en Estados Unidos en la que se disputaban la Presidencia Hilary Clinton y Donald Trump. Este último contrató una campaña de desprestigio en contra de Hilary con la empresa londinense Cambridge Analytica. Esta manipuló las cuentas de 87 millones de usuarios de Facebook con la cual destruyeron la imagen de la señora Clinton.

Cosa idéntica sucede en Colombia cuando brókers y hakers tergiversan la información en redes sociales, crean cuentas falsas, difunden fakes news, alimentado estos medios con información ligera con contenido difamatorio todos los días. Y de esto es víctima quien figura en las encuestas como el más opcionado para llegar a la Presidencia.

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