Tendría ya unos ocho años, pero aún conservaba intacta la inocencia de la Navidad y creía en el Niño Dios. Por ello aquella nochebuena me propuse conocerlo en persona para agradecerle algunas cosas y reclamarle muchas desilusiones. Estaba decidido a estar muy despierto a las 12 PM tendiéndole a Jesús una especie de redada
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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