La maestría de lo breve, diecinueve garras y un pájaro oscuro que desnudan lo humano

20 visitas

Compartir artículo en:

Por: Tirso Benavides Benavides

Hay ficciones que no buscan arrullarnos, ni ser el cuento de hadas para leer antes de dormir, sino dejarnos una sutil pero persistente incomodidad bajo la piel. Agustina Bazterrica pertenece a esa ese tipo de narradoras que miran donde los demás preferimos apartar la vista. La escritora argentina saltó a la primera línea del panorama editorial hispanoamericano tras coronarse con el Premio Clarín de Novela por Cadáver exquisito. Una distopía implacable donde un virus letal para los animales empuja a la humanidad a legalizar el canibalismo y a estructurar granjas de crianza de carne humana, similares a las que hoy abastecen el mercado de vacas y pollos, y que demostró a la crítica que es una creadora que no teme estirar los límites de lo perturbador para diseccionar nuestra moral.

El pulso clínico en la escritura de Bazterrica no es casual. Su oficio como periodista se evidencia en cada una de sus páginas, en la economía del lenguaje, en la precisión de cirujano que evita el adorno innecesario, ese adjetivo que sobra.

El talento de su laureada novela ya se advertía en sus relatos breves. Prueba de ello es Diecinueve garras y un pájaro oscuro, un compendio de cuentos publicado recientemente por Alfaguara, donde se reúnen textos dispersos, publicados originalmente en diversos medios.

Este libro no hace sino confirmar una realidad: el cuento, es mucho más que un hermano menor de la novela afirmación que se sustenta en una época dorada de renovación que se vive en América Latina de la mano de varias escritoras como Samanta Schweblin y sus universos enrarecidos o las atmósferas viscerales de María Fernanda Ampuero, una generación femenina que han tomado el género breve para insuflarle un aire nuevo.

Casi 200 páginas que son un desfile de anomalías cotidianas. En ellas habitan mujeres atrapadas en sus propias arquitecturas mentales, como aquella pasajera que de un taxi nocturno, que a bordo del vehículo fabrica minuciosamente una versión monstruosa del conductor hasta convertir el viaje en una auténtica cacería psicológica. En otro relato, la frontera entre lo público y lo privado se quiebra de golpe cuando un vecino suicida decide arrojarse al vacío, aterrizando en el patio de una mujer a la que por centímetros no aplasta con su cuerpo. Incluso se da el lujo de subvertir los manuales de autoayuda, al entregarnos bajo el título de Rosa Bombón las instrucciones paso a paso para padecer, de la manera más metódica y masoquista posible, una pena de amor. En cada una de estas piezas se evidencia una mirada de lo femenino sumamente original, despojada de clichés y dispuesta a explorar la neurosis, el miedo y el deseo sin condescendencia.

La infancia en el universo de Bazterrica tampoco es un territorio idílico. Aquí los niños no son dulces promesas, sino testigos o víctimas de una hostilidad silenciosa, como la menor abandonada a su suerte en el cementerio donde reposan los restos de su padre, una postal de desolación que hiela la sangre por la naturalidad con la que se ejecuta.

A esta crudeza se suma el delirio puro, la entrada franca al absurdo. Nos topamos con la historia de una mujer cuya máxima aspiración existencial es convertirse en una esfera perfecta, libre de las imperfecciones de la anatomía humana; o la de una estudiante que, de la noche a la mañana, como si se tratara de un truco de magia involuntario, descubre un conejo habitando entre sus piernas.

El abanico de obsesiones del libro parece no tener fin: la inequitativa y doméstica rivalidad entre un gato y un fanático del fútbol que comparten el mismo techo y que se equipara gracias a un accidente casero; la fijación enfermiza por una actriz que aparece apenas unos segundos en una cinta olvidada; o la entrañable —y a la vez patética— rutina de un hombre que se dedica a la bizarra tarea de llevar un destello de alegría a los velorios de completos desconocidos, un oficio que entra en crisis, cuando debe batirse en duelo profesional contra una plañidera.

Estos diecinueve cuentos actúan como espejos que traslucen los aspectos menos amables —y quizás por ello, más reales— de la condición humana. Al abordar la muerte, el desgaste del amor romántico y las taras familiares, Bazterrica no solo nos confronta con nuestras propias sombras, sino que ratifica la vigencia del cuento como un mecanismo de relojería perfecto. Narrar grandes y complejas verdades en la brevedad de unas pocas páginas exige una maestría técnica y una economía de recursos extrema, que no muchos tienen.

En este libro, cada palabra es una incisión exacta. Agustina Bazterrica, con sus cuentos reafirma que para cortar hondo no hace falta una espada, basta con la uña afilada de una buena historia.

Comentarios de Facebook

SOBRE EL AUTOR

Compartir en:

NOTICIAS RECIENTES