Por: Tirso Benavides Benavides
La dictadura militar argentina y sus laberintos de horror constituyen un territorio profusamente visitado por la literatura del Cono Sur, un relato de fracturas colectivas, donde uno de sus últimos capítulos trágicos se materializó en el Atlántico Sur con la Guerra de las Malvinas. Y es precisamente este conflicto el eje que Eduardo Sacheri vuelve a articular en Qué quedará de nosotros, su más reciente novela, retomando un hilo conductor que ya había explorado desde otro enfoque en Demasiado lejos (2025), complementando esa indagación literaria sobre los traumas históricos de la nación austral.
Aquella contienda, como toda guerra, se reveló desde el principio como un ejercicio de absoluta insensatez, espoleado por la desesperación de una junta militar que agonizaba y pretendía perpetuarse en el poder. Para lograrlo, los hacedores del horror instrumentalizaron el nacionalismo, aglutinando al pueblo argentino en torno a una causa común contra un enemigo externo, el Reino Unido, una potencia desproporcionadamente superior frente a la cual el orgullo patrio y las arengas de balcón resultaban armas poco efectivas y nada letales.
Aquel abril de 1982, las tropas desembarcaron en ese archipiélago remoto, habitado apenas por ovejas y por los kelpers, los nativos de origen británico arraigados en esas islas frías que ellos llaman Falklands.
Mientras en Buenos Aires y las provincias, desde Jujuy hasta la Patagonia, la noticia se recibía con un júbilo ensordecedor y el patriotismo se convertía en el oxígeno cotidiano que se respiraba en cada esquina, la euforia colectiva anestesiaba la realidad de un hecho que, lejos de la abstracción de los mapas, alteraría de forma inmediata e irreversible la existencia de ciudadanos de carne y hueso, de corta edad en su mayoría.
El destino encarna aquí en Carlitos, Antonio y el Conejo, tres jóvenes comunes que intentaban retomar sus proyectos de vida tras haber cumplido el servicio militar obligatorio, y que de repente son reintegrados a las filas para reforzar el frente insular. Como tantos otros miles de conscriptos, vuelven a vestir el camuflado y asumen la orden casi como una aventura, una oportunidad de viajar en avión, de conocer la nieve, marchando hacia el sur sin sospechar el bautizo de fuego y la desolación que los aguardaba en las islas.
La cúpula castrense y la sociedad civil confiaban en una salida diplomática que apaciguara las aguas. Sin embargo, Margaret Thatcher hizo honor a su fama de Dama de Hierro y optó por la respuesta bélica. De este modo, Argentina se vio abocada a improvisar y armar un ejército a marchas forzadas, donde la precariedad de recursos, el frío extremo y la falta de planeación estratégica se convirtieron en enemigos tan letales como las fuerzas profesionales británicas.
La trama del libro se sumerge de lleno en un microcosmos netamente militar, permitiendo al lector transitar las jerarquías y las tensiones del frente a través de figuras como el teniente Quinteros, el mayor Camargo o el subteniente Parisi. En este escenario, la subordinación se erige como una regla de oro inquebrantable, desnudando las distintas formas en que se ejerce la autoridad y demostrando cómo la obediencia ciega, en el contexto de la guerra, a veces se traduce inevitablemente en bajas humanas, mutilaciones y capturas.
Los tres amigos, conocidos en el regimiento como el Trío Los Panchos son separados al llegar a las islas. Los hilos del privilegio protegen a uno de ellos por sus vínculos familiares con un alto oficial, quien se queda como estafeta en un lugar seguro, los otros dos marchan directamente a la primera línea a esperar el combate entre trincheras.
El tableteo de la guerra, que al principio se percibía como un eco lejano de bombardeos navales, se aproxima con la contundencia de la artillería pesada y el combate a corta distancia, obligando a los reclutas, bajo el liderazgo del teniente Quinteros, a resistir en una trinchera congelada, peleando ya no por los delirios de la patria, sino por el instinto primario de sobrevivir.
El costo de la contienda se cobra en vidas irrecuperables, no todos sobreviven. A medida que el cerco inglés se cierra, los combatientes comienzan a preguntarse por el día después, por lo que les espera en el continente, su porvenir. En medio del estruendo de tiros y bombas, Sacheri retrata la angustia de los argentinos al saberse derrotados y el temor soterrado a un regreso donde la misma sociedad que los despidió entre aplausos los reciba con indiferencia o con desprecio al culparlos del fracaso.
El autor porteño, confirma en esta obra su reiterado interés por escrutar aquellos temas incómodos para la sociedad y esas zonas grises que la memoria colectiva prefiere sepultar. Un sello distintivo presente en títulos como La pregunta de sus ojos —llevada al cine como la oscarizada El secreto de sus ojos—, La noche de la Usina, Premio Alfaguara, (adaptada como La odisea de los giles), Lo mucho que te amé, o Nosotros dos en la tormenta.
A más de cuatro décadas, la Guerra de las Malvinas sigue siendo una herida abierta en la cotidianidad argentina, encarnada en los veteranos que aún rondan sus calles, ataviados con viejos uniformes y arrastrando las secuelas invisibles del estrés postraumático. El suicidio de varios fue la sombra trágica de posguerra. Qué quedará de nosotros es un ejercicio necesario de memoria y literatura, rescatando del trasfondo de una guerra imposible de ganar y manipulada por oscuros intereses políticos, una historia que encara las dimensiones humanas de aquellos que debieron poner el cuerpo donde los demás “patriotas” solo pusieron banderas.




