Linares, un paraíso olvidado. – Entre trapiches y olvidos-

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“El secreto no es correr detrás de las mariposas…el secreto es admirar su belleza y sentir como tuyo su vuelo, es entonces que ellas vendrán a ti”.
Mario Quintana
La última vez que intenté viajar a Linares fue una verdadera decepción. Me tocó retornar desde Sandoná debido al estado deplorable de una vía que nos hizo imposible el recorrido. Mi vehículo exigía mayor potencia y fuerza. Con tristeza decidimos volvernos a medio camino.
De niño esperaba con ansias las vacaciones escolares para retornar a sus generosas tierras. Mamá Inés nos esperaba con ese cariño entrañable en compañía de papá Artemio. San Francisco era ese preludio entre el frío de Pasto y el calor de ese Linares con olor a panela. En Arboleda recibíamos el abrazo de tío Gerardo y la Mericita , mientras nuestros primos se aprestaban a las travesuras y chiquilladas.
Todo se hacía Sol, juego, diversión, magia y fantasía. Las largas caminatas, las visitas a los trapiches de don Julio y el recorrido entre el pueblo y la Arboleda que nos permitían robar naranjas doradas de luz y mandarinas más dulces que el néctar. Las aves cantaban en un espacio bordado por rayos sempiternos haciéndose hilillos de plata en la distancia. Las mariposas vestidas de mil colores revoloteaban a nuestro alrededor y las sonrisas espontáneas de los chiquillos se esparcia cálida entre árboles y riachuelos.
Su gente nos ofrecía el saludo generoso y ese fraternal abrazo que nos hacia sentir parte de este paraíso; en cada casa una fruta y en todo camino una sonrisa.
Discurrrió nuestra niñez plácida en la contemplación de El Cerro Linares que ocultaba en sus entrañas pájaros de oro y bronce. En su piel vestida de verde, nuestros ojos contemplaban el legendario guardián de un tesoro que se ocultaba desde tiempos inmemoriales.
Naranjas, limas, aguacates, caña de azúcar, café y todo tipo de frutas y tubérculos se ofrecían generosas de la mano del campesino para devolverlas a unos visitantes que extasiados sentían el olor y el sabor de cada uno de ellos.
Gente buena, de hablar extendido entre palabras y siempre con la alpargata que acariciaba el polvo entre pasos y distancias. Siempre nos trajimos enredado en nuestro corazón un poquito de ese Linares que se vestía de Cambulos mientras el ocaso regaba sus cantos entre sombras manchadas de paisaje y luz.
Volvíamos con la tristeza de dejar atrás un paraíso, con la extraña sensación de quedarnos atrapados en sus paisajes. Ese es el Linares que se pinta entre sueños y que hoy lo lloramos al ver convertido en fango y olvido.
Nos encontramos la tragedia de un pueblo sumido en el dolor de un voraz invierno que se lleva cultivos y esperanzas al punto de hacernos exclamar entre lágrimas y suspiros que no es posible que Nariño ignore así a una gente laboriosa y noble.
El dirigente Jairo Otero expresa su indignación por el secular olvido de esta tierra y nos comparte las tristes imágenes de una tragedia que enluta el alma y el sentir de quienes llevamos en nuestra sangre el latir de un pueblo cálido y generoso: “Asi como muchas regiones del país viven el desastre de esta ola invernal tan extensa, hoy nos ha tocado con todo su rigor devastador a mi querido municipio de LINARES , en especial a la gente más humilde que vive en sectores rurales… Hoy mas que nunca debemos unir esfuerzos, para salir adelante, y dar esa mano solidaria a todos los que hoy nos necesitan…invito a todos los Linareños residentes en todo el territorio nacional e internacional y a la ciudadanía Nariñense en general para que estemos atentos y poder ayudar a más de un centenar de familias que lo han perdido todo…”.
Linares requiere de una mirada renovada de nuestros dirigentes, iniciar la cruzada que permita la concreción de una carretera y la posibilidad de conectarse con la capital de Nariño. No podemos en momentos de tanto dolor dejar de sentir como nuestra esta tragedia que viven nuestros hermanos LINAREÑOS.
Formulamos un vehemente llamado a nuestros gobernantes para que se inicie la construcción de una carretera que lleve progreso y tranquilidad a su gente. Los mejores frutos están en Linares, en la bondad de su tierra y en el surco de unas manos trabajadoras y buenas que se unen en una sola plegaria.

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