Los movimientos antivacuna

Los movimientos antivacuna son grupos de personas que por motivaciones sanitarias, religiosas, científicas, políticas o filosóficas, se oponen a las vacunas y al acto de vacunarse porque consideran que representa riesgo para la salud. Son grupos muy activos que producen gran impacto en la sociedad por las dudas que siembran, de hecho la información que manejan no es contrastada y es acientífica.

Para algunas creencias religiosas la vacunación es el rompimiento del equilibrio natural y piensan que es algo innecesario. Las primeras vacunas contra la viruela se preparaban con viruela de vacunos, entonces se difundió la creencia que era inmoral aplicar sustancias de seres menores a los humanos.

Desde lo filosófico se cuestionaba la obligatoriedad de su aplicación y su consecuente violación de derechos, teniendo en cuenta el libre desarrollo de la personalidad. Algunos cuestionan la poca eficacia por la exposición a gérmenes salvajes y la aparición de nuevas cepas. No faltan las críticas por los efectos secundarios que producen las vacunas, relación causal de la aparición de algunas enfermedades. Se suma a ello la aparición de enfermedades idiopáticas y que alteran la inmunidad.

Uno de los argumentos más ampliamente extendidos tienen que ver con lo político y económico. La adquisición de las vacunas por parte de varias naciones tiene que ver con el orden mundial; los países dependientes de las potencias mundiales se ven obligados a comprarles a estos. En este caso, Colombia tiene un negocio con Pfizer del que no se ha querido revelar los términos.

También existe desconfianza en la transparencia de la compra de los biológicos porque los antecedentes existentes en nuestro país, sobre todo tipo de negocios del sector público, han demostrado ilícitos que son encubiertos por las propias entidades de control.

Aducen el negocio económico que supone para los fabricantes, farmacéuticas, gestores y sanitarios y una falta de transparencia en todos los que intervienen en el mundo de las vacunas.

Pero también sostienen que, aparte de las sustancias que se inoculan, la gente no debe dejarse pinchar por posibles lesiones que se pueden generar, por ejemplo daño en el nervio ciático.

Bajo estos argumentos se despliega una serie de cadenas que circulan en las redes sociales, con imágenes dramáticas, que por lo general son recicladas de otros episodios, para desmotivar la vacunación. Pero también intervienen médicos que manifiestan su objeción de conciencia bajo los preceptos religiosos, no solo se niegan a la aplicación de las vacunas, sino que argumentan el daño que puede ocasionar la vacunación.

Todo comienza con una creencia tradicional de inocular con una dosis leve de viruela bovina brindaba protección con la viruela. Fue en 1798 cuando el médico de Gloucestershire (Inglaterra) Edwar Jenner probó la fórmula y le dio resultado. Cinco años más tarde, el descubrimiento de Jenner se estaba empleando en toda Europa y 10 años después se había vuelto global.

Durante más de doscientos años la polémica ha subsistido, y los movimientos antivacuna se han mantenido activos. Hoy cuando ya se empieza a aplicar la vacuna contra el covid 19, vuelve a la escena pública el tema, con argumentos que no tienen mucha credibilidad, además quienes promueven esos mensajes lo hacen por canales poco idóneos. Tampoco estamos afirmado que la vacuna sea inocua, todos los medicamentos que ingresan al organismo tienen efectos secundarios. Todas las etiquetas de los medicamentos traen advertencias.

Las vacunas contra el covid 19 tienen unas fases preclínicas donde se hacen pruebas con miles de voluntarios para determinar seguridad y efectos biológicos, se busca la respuesta apropiada del sistema inmunológico o la inmunogenecidad mediante la estimulación de los antígenos.

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