Mamá

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En algunos países del mundo, especialmente en América Latina, mayo no solo evoca el Día de las Madres: también abre una reflexión política sobre la maternidad, el cuidado y el desarrollo.

Desde que las mujeres pudieron acceder a métodos de planificación, la maternidad dejó de ser únicamente destino biológico y se convirtió también en una elección. En esa decisión se expresa una de las formas más profundas de la voluntad femenina: elegir cuidar, proteger, sostener y formar vida.

Pero la maternidad no puede seguir siendo leída únicamente desde el sacrificio. Durante décadas, el cuidado ha sido normalizado, exigido y romantizado como una obligación natural de las mujeres. Sin embargo, los quehaceres domésticos y de cuidado no remunerado representan en Colombia una riqueza económica enorme: según el DANE, en 2021 el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado equivalió a cerca del 19,6% del PIB, con un valor aproximado de 230 billones de pesos. Además, las mujeres realizaron la mayor parte de esas horas de cuidado.

Algunos sectores cuestionan esta mirada y consideran que cuantificar el trabajo doméstico es apenas una narrativa de gobiernos progresistas para justificar mayor gasto social. Pero reducir el cuidado a una disputa ideológica es desconocer una realidad evidente: sin cuidado no hay productividad, no hay educación, no hay fuerza laboral y no hay sociedad sostenible.

Colombia ya dio un paso importante con la Ley 1413 de 2010, que reconoció por primera vez el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Este reconocimiento no significa que el Estado deba pagarle directamente a cada cuidadora; significa que debe entender el cuidado como infraestructura social, tan importante como las carreteras, la energía, la salud o la educación.

La economía del cuidado debe ser vista como un motor de desarrollo económico y social. La maternidad, históricamente asociada al cuidado, ha sostenido silenciosamente hogares, comunidades y economías enteras. La OIT ha señalado que invertir en el sector de los cuidados podría contribuir a la creación de hasta 299 millones de empleos decentes en el mundo para 2035.

Por eso, hablar de maternidad no es hablar solo de amor: es hablar de poder, de economía, de justicia social y de futuro. Reconocer, redistribuir y valorar el cuidado no empobrece a un país; por el contrario, puede convertirlo en una nación más productiva, más equitativa y más humana.

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