Por: Tirso Benavides Benavides
El periodismo, en su ejecución más rigurosa, encuentra en la entrevista no solo una herramienta de recolección de datos, sino un género literario en sí mismo, capaz de desnudar la condición humana a través del asedio de la pregunta. “Palabras cruzadas”, de la veterana escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska, es un testimonio escrito de esta afirmación. El título no es un capricho semántico, remite a la naturaleza intrínseca del diálogo como un cruce de ideas, donde las palabras se entrelazan para revelar lo que a menudo permanece oculto tras la fachada pública de los personajes.
En este ejercicio, Poniatowska se distancia de la objetividad aséptica que dictan los manuales, sus textos denotan en el fondo lo que ella siente, permitiendo que su propia humanidad y sus impresiones personales filtren la narrativa para darnos un retrato mucho más honesto que la simple transcripción.
Elena Poniatowska, nacida en París pero mexicana por voluntad y pulso vital, es una de las voces más poderosas de la literatura en español, mérito reconocido con el Premio Cervantes en 2013. Su trayectoria es un tejido ininterrumpido de crónicas, novelas y ensayos donde la voz de los marginados y la realidad social de México son protagonistas. Desde la emblemática “La noche de Tlatelolco”, donde documentó la masacre estudiantil de 1968, hasta sus incursiones en la ficción histórica, su pluma se ha caracterizado por una sensibilidad que no teme al compromiso político ni a la ternura. En su labor como periodista, ha transformando el cuestionario tradicional en un ejercicio de escritura donde la escucha atenta es tan importante como la palabra escrita.
El libro funciona como un retablo de la cultura del siglo XX, permitiéndonos ver matices inéditos en figuras que creíamos conocer de sobra. Es interesante el encuentro con Mario Moreno, “Cantinflas”, donde la autora logra traspasar la barrera del lenguaje enredado de su personaje para evidenciar un ego colosal. Resulta revelador cómo esa estrella mexicana camuflaba su orgullo en la sencillez del popular tipo de barrio. Poniatowska nos muestra al hombre detrás del mito, uno que parece vigilar con celo su propia leyenda y su posición de poder en la industria.
En un registro distinto aparece la mística de El Santo, el enmascarado de plata que aprece en la portada del libro. A través de una de las figuras del ring, el texto reflexiona sobre la lucha libre no como un simple espectáculo deportivo, sino como una afición que constituye un pilar de la cultura popular y la identidad de azteca.
Las charlas con escritores son un banquete de agudeza intelectual. Con Rómulo Gallegos, la entrevista adquiere un tono de respeto hacia la dignidad del exilio y la literatura civilista, mientras que con José Revueltas nos lleva a sumergimos en la intensidad de un hombre cuya vida y obra estuvieron marcadas por la militancia y el encierro, dejando ver una coherencia inquebrantable. El encuentro con Alejo Carpentier nos permite palpar ese barroquismo intelectual que lo caracterizaba, una erudición que la autora logra humanizar sin restarle brillo. Por otro lado, la charla con Jaime Sabines nos devuelve a la tierra, a la emoción cruda y a esa poesía que se siente como un susurro al oído, mientras que el intercambio con Julio Cortázar captura esa lúdica inteligencia de quien veía la realidad como un juego de infinitas posibilidades, siempre con el cronopio asomando entre las respuestas.
Incluso en el ámbito de la cultura de masas, la autora demuestra su maestría al abordar a Juan Gabriel. En su conversación con el “Divo de Juárez”, se percibe la sensibilidad de un artista que conectaba con el alma de un pueblo, capturando la esencia de un ídolo que trascendió todos los estratos sociales y prejuicios de su época.
En definitiva, estas charlas nos permiten asomarnos a la intimidad de los entrevistados a través de sus respuestas ante las preguntas de una mujer que posee la sabiduría y la malicia necesaria que solo entregan los años de oficio. Poniatowska nos demuestra que estas piezas son, ante todo, un mapa de la memoria, donde conocer al otro es también una forma de entender nuestro propio tiempo.
Al final, lo que Poniatowska rescata no son solo anécdotas o declaraciones para el archivo; es la vibración humana de quienes, entre respuestas y silencios, se dejaron retratar. ‘Palabras cruzadas’ es la prueba de que, frente a una mirada inteligente y una pregunta honesta, hasta el mito más inalcanzable termina por revelar su condición de hombre.




