Patrimonio de la ciudad

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Cuando hablamos de patrimonio describimos los bienes de las personas y si escribimos sobre nuestra ciudad, hacemos referencia a las estructuras, edificios, casas, objetos que, por su valor histórico o representativo, deben ser protegidos. De allí que cuando decimos: patrimonio inmaterial, incluimos todas las manifestaciones culturales que si bien no se pueden palpar, existen para beneficio de todos.

Sectores que como el centro histórico son el sitio de confluencia de muchas personas, lugares simbólicos cargados de historia y que están inmersos en el centro urbano. Si observamos con atención encontraremos iglesias, capillas, plazas, casas coloniales y espacios enmarcados en un pasado digno de recordar.

Pero por indiferencia, indolencia o desprecio a los símbolos inamovibles de la ciudad hacemos caso omiso a su deterioro. Algunos tristemente convertidos en parqueaderos o lotes para edificaciones. En otras latitudes se valora, dignifica y promueve estos espacios para el turismo, el reconocimiento y el beneplácito de sus moradores, necesitamos fortalecer los planes de manejo, gestión del patrimonio material e inmaterial y protección que nos permitan conservar estos bienes que hablan de un ayer aún vivo en la memoria de todos los ciudadanos.

La riqueza histórica y cultual que tenemos en la Ciudad de San Juan de Pasto es un homenaje a los referentes principales de la vida capitalina en sus distintas épocas, son estampas vivas de momentos enmarcados en el recuerdo. Y es que el mayor atractivo arquitectónico por estos días cuando se vive la Semana Santa, son las casas de oración de miles de feligreses como por ejemplo el templo de San Juan y la Merced o las capillas de Tescual, San Antonio o Chapal entre otros, allí vemos en sus cuadros, imágenes, las técnicas orfebres, artísticas o de talla que detallan el minucioso trabajo de la mano de nuestros artesanos.

Me uno a preservar la riqueza histórica y arquitectónica del patrimonio de la capital de los nariñenses, pero también insto a quienes leen este escrito a repensar la posición que asumimos en torno a la ciudad. Necesitamos proteger y rescatar nuestra casa, no lo digo sólo desde el punto de vista estético, lo hago también para que nos sumemos en divulgar en redes, cadenas de WhatsApp y el voz a voz que si no cuidamos lo que tenemos, simplemente lo perdemos.

La atemporalidad de las obras que hicieron los hombres y mujeres del pasado, respiran. Que la muerte o la indiferencia no las cubran con el manto del olvido. Dijo Leonardo Da Vinci “La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte”. Este es un llamado a la conciencia y sostenibilidad. Lo que se ve en las calles habla de lo que fuimos y lo que seremos. “La diferencia entre una buena y una mala arquitectura es el tiempo que pasamos en ella”. (Andrea Rengifo Rengifo, Magister en docencia universitaria).

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