A propósito del Día Internacional de la Felicidad, que se celebra hoy, comienzo con una anécdota que se ha repetido en diferentes ocasiones. En casa, cuando por alguna razón he tenido una presentación o ponencia de forma virtual, una costumbre que he adquirido es la de perfumarme. Ante eso, mi familia generalmente se burla, porque me dicen que nadie me va a oler, a lo que yo les respondo “me perfumo para mí mismo”. A partir de este anecdótico suceso, reflexioné sobre esos micro-triunfos que para muchas personas pueden ser cosas sin importancia, pero que en la vida de cada ser humano puede (y debería) significar “la felicidad”.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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