Poeta, teatrero y político pastuso entre los siglos XIX y XX, Lisandro G. Maldonado, es El Personaje 10.

Rosa Isabel Zarama Rincón

El señor de la fotografía esconde detrás de esa apariencia seria, una profunda sensibilidad, un sentido del humor y una inteligencia que cautivó a sus coterráneos. En su época fue político y una figura destacada de las letras.

En la actualidad, poco se conoce de Lisandro G. Maldonado,  ciertos autores lo denominan: Lisandro García Maldonado. Es posible que García fuera su primer apellido, pero, él se identificaba como Lisandro G. Maldonado y de esa manera firmó sus escritos. Por ese motivo, en este perfil, se le dio prioridad a la preferencia del autor. Igualmente, como Lisandro G. Maldonado lo conocieron algunos de sus contemporáneos, como Alejandro Santander quien anotó en su libro:Biografía de D. Lorenzo de Aldana y Corografía de Pasto que Maldonado no se graduó en ningún colegio; no obstante, gracias a su dedicación alcanzó un alto nivel intelectual que le permitió desempeñar bien sus empleos, entre ellos, el de profesor en el Colegio Académico; que era la principal institución educativa masculina en el siglo XIX.

Una de sus contribuciones a las letras fue a través de las obras de teatro que escribió y puso en escena. Conocemos: Frutos de la instrucción y La Epifanía que trata sobre esa celebración religiosa que se celebra el 6 de enero y que en 1880 presentó en la capilla El Portalito, lugar en donde hoy se encuentra la sede principal del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Pasto. Además, de escribir obras de teatro religiosas hay recuerdos de una máscara que elaboró en El Ejido, en un alegre festejo en donde se ridiculizó a la sociedad. Esas obras se ganaron el entusiasmo del público y lo convirtieron en uno de los principales teatreros de su tiempo. El autor anónimo de la columna publicada en la Revista Pasto de 1940, titulada: DR. Lisandro G. Maldonado lo clasificó como un dramaturgo clásico, pero, sus obras no se divulgaron debido a la indiferencia de “nuestras fuerzas culturales”. Tarea que aún está pendiente.

Otro de sus aportes a la cultura fue la poesía. El autor anónimo consideró que Maldonado en la transición entre el siglo XIX y el siglo XX, formó con los reconocidos poetas pastusos: Adolfo Gómez (Pasto, 1848-1916) y José María Chavez (Pasto, 1856-Guayaquil, 1919) una trilogía de poetas en el sur de Colombia; similar a lo que representaron en Bogotá: Miguel Antonio Caro (1843-1909), Diego Fallón (1834-1905 ) y Julio Arboleda ( 1817-1862). En el poema titulado: A la señora A.P[1]  se percibe la delicadeza de Maldonado. Otras poesías se pueden consultar en el libro: Portaliras Nariñenses publicado en 1928 por el sacerdote filipense Samuel Delgado, cuyos títulos son: Lo inescrutable, La instrucción y Santa María, incluida al final de este escrito.  En los últimos años del siglo XIX se sabía que tenía en mente publicar: Apuntamientos de viaje junto con otros trabajos literarios. Es muy posible que en periódicos y revistas de ese periodo se encuentren otros de sus escritos.

Lydia Inés Muñoz en el artículo: “Pasto en los Estados Unidos de Colombia”, publicado en Manual Historia de Pastotomo XXII (2021), explica que fue un edil liberal del concejo de su ciudad, que se caracterizó por su espíritu crítico y mordaz. Información que se complementa con la ya mencionada columna que apareció en la revista Pasto, en donde se afirma que fue un político notable cuyos argumentos ayudaron a consolidar la creación del departamento de Nariño. Ese autor anónimo escribió: “Conocemos un alegato hecho en Bogotá que tiene fuerza vívida con caracteres palpitantes. Podría firmarlo orgulloso cualquiera de nuestros mejores estadistas. Admira al leerlo la claridad de su dialéctica, la valentía de la forma y la poderosa concepción de nuestros destinos nariñenses”.

Le gustaba la bohemia, su espíritu inquieto y nómada lo animó a recorrer buena parte del continente americano. Se desconoce con precisión la fecha de su fallecimiento, según el columnista murió rodeado de la consideración del famoso escritor y político mexicano Juan de Dios Peza (1852-1910), entre otras personalidades. La información resulta divertida porque, según ese dato, Peza salió de la tumba para acompañar a Maldonado en sus últimos momentos porque llevaba seis años difunto; entre tanto, para Samuel Delgado murió en México en 1916. Estas lagunas en la vida y en la obra del intelectual estimulan a las nuevas generaciones a continuar indagando por este ilustre personaje.

Concluimos el perfil con una hermosa poesía que Maldonado le dedicó a la Virgen:

Santa María

Ni en los cielos ni en la tierra,

Ni en los astros, ni en el vacío,

Ni en el mar asaz bravío,

Ni en la cumbre de la sierra,

Ni en cuanto Natura encierra

Hay nombre de tal valía,

De tan grata melodía

Que al pronuncia se siente

Hasta Dios muy reverente,

Con el nombre de María.

En los arcanos vedados

A la humana inteligencia,

Dos nombres por excelencia

Tuvo Dios predestinados:

El Verbo y María, asociados

Para el vasto plan divino,

Que llevará el peregrino

De esta vida de los llantos

Al cielo de los encantos

Donde se halla tu destino.

En los gemidos del viento

Y en las gotas del rocío,

Como en el bosque sombrío

En todos pones aliento;

Truecas el lloro en contento

Y en esperanza la vida,

Porque Tú fuiste elegida

Como el arca de la alianza,

Donde hallará su esperanza,

La humana raza perdida.

Si el sol resplandece tanto

Al nacer en el Oriente,

Cuando la noche en su manto

Pliega humilde ante su frente,

Por qué punto candente

Brilla más entre la sombra;

Mucho más luce y asombra

Tu nombre, Virgen bendita,

Entre la raza maldita,

Cuando mi labio te nombra!

Ni el cielo con sus lumbreras

Ni con sus perlas el mar,

Nadie te puede igualar,

Porque a todo ser superas;

A tus plantas enumeras

El sol, la luna y el día,

La flor de más lozanía

Que bella en el prado crece,

Y el infierno se estremece

Al decir ¡Santa María!

Y yo postrado de hinojos

En lucha sangrienta y ruda;

Más, nunca hundido en la duda

Hacia ti vuelvo mis ojos.

No me mires con enojos,

Dulce Madre, por piedad,

Pues sé que de tu bondad,

Asido de la esperanza,

El pecador siempre alcanza

¡Bonanza en la tempestad!

Lisandro G. Maldonado

La autora le agradece a Dayana Rosas, auxiliar de asuntos culturales del Centro Cultural Leopoldo López Álvarez, por su colaboración en este artículo.

[1] Digitalizado por la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, http://repositorio.casadelacultura.gob.ec/handle/34000/18418

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