Solaris – Stanisław Lem. Reseña

 

Cuando se hojea alguna novela o cuento de ciencia ficción, es posible, pese a la diversidad de tramas y argumentos, encontrar alguna característica común en ellos, afinidad no solamente formal en cuanto al género literario, sino mejor, parentesco cercano desde el punto de vista filosófico. Existen narraciones de esta clase construidas sobre el postulado optimista de que el hombre domina la naturaleza a través del conocimiento para interpretarla y hacerla suya, y es por lo tanto capaz de comunicarse con otros seres inteligentes. También el cine estilo Hollywood y la televisión han explotado hasta el cansancio esa feliz e inverosímil posibilidad.

Stanisław Lem, escritor polaco, publicó Solaris en 1961, novela de ciencia ficción, que tiene una base argumental distinta, al plantear este problema: ¿Qué sucedería si la humanidad encuentra vida inteligente fuera de la tierra, pero tan compleja y superior, tan extraña a nosotros que simplemente cualquier intento de comunicación con ella deviene imposible?

Solaris es un planeta que orbita entorno a un sistema estelar binario en las profundidades de la galaxia, la humanidad lleva varios siglos explorándolo, con especial atención en los fenómenos físicos que ocurren tanto en la órbita como en la superficie, cubierta por el Océano; esa exploración apoyada en la ciencia conjetural denominada Solarística, ha revelado que el Océano de este mundo es un ser vivo gigantesco y además dotado de inteligencia.

La Solarística es la ciencia que tiene por objeto el estudio del planeta y todo lo que con él se relaciona, los científicos de la Tierra han analizado la información recaudada por sendas misiones de investigación y han tratado sin éxito de comunicarse con este ser planetario que, entre otras cosas, puede modificar el espacio – tiempo para regular su órbita y tiene la habilidad de crear y destruir, aparentemente a voluntad, extrañas formaciones sólidas en la superficie oceánica, cuyo origen, función y significado se ignoran.

Para desarrollar el programa de exploración, Solaris es sobrevolado por una estación tripulada, encargada de realizar toda clase de observaciones y experimentos con el Océano de naturaleza orgánica, que tiene una constitución similar a la del plasma celular. Es en la estación donde ocurren los hechos de la novela, en un ambiente cerrado, casi claustrofóbico para los personajes: Kris Kelvin, psicólogo que llega para investigar los presuntos desórdenes de conducta que vienen padeciendo los otros cosmonautas Gibarian, Snaut y Sartorius. La interacción de tan escasos protagonistas está marcada por la obsesión, la angustia, la locura y la muerte.

Los tripulantes y Kelvin en especial, irán descubriendo poco a poco que hay algo extraño en la estación, que Solaris ha encontrado una forma quizá terrible de comunicarse con ellos, aunque jamás sepan qué les quiere decir, como si tratara de consolarlos de su soledad o les jugara bromas macabras manipulando y materializando sus recuerdos dolorosos e íntimos, representados por los misteriosos seres a los que denominan Visitantes o Criaturas F. La novela encierra una especie de pesadilla psicológica porque se entretiene con detalle en presentar la tortura mental que sufren los cosmonautas, poniendo de relieve sus emociones y temores más oscuros. Aquí se nota el buen oficio del autor al construir ambientes llenos de rareza y opresión que hacen funcionar la novela, por momentos, como auténtica obra de horror cósmico.

Aunque los Visitantes pudieran ser una especie de mensaje del Océano, la experiencia de los cosmonautas nos demostrará desde la ficción, que el contacto o comunicación del ser humano con una civilización no antropomorfa ni humanoide es imposible y que la Solarística viene a ser un sucedáneo de la religión por estar colmada de hipótesis sin demostración y dogmas como la búsqueda de la redención, que para nuestra muy limitada especie frente a un ser tan maravilloso y ajeno como Solaris la única actitud posible es la que hemos adoptado con nuestro propio mundo y sus no menos maravillosas criaturas: el utilitarismo, aprovechar sus beneficios concretos, aunque no entendamos o no alcancemos a prever las consecuencias de tal explotación.

Considero innecesario entrar en más detalles sobre la trama, cada lector sabrá encontrarlos si se aproxima a las páginas del libro; me importa más resaltar el hallazgo de una novela de ciencia ficción que deja en evidencia el gran fallo del género, que tal como ha dicho Jesús Palacios, prologuista de esta edición, “Consiste en la incapacidad de la ciencia ficción en general y de aquella que trata sobre la vida alienígena en particular, para concebir una forma de inteligencia que no tenga absolutamente nada que ver con la nuestra, y, por tanto, la imposición de características humanas a sus creaciones supuestamente inhumanas, incluso cuando lo que se pretende es describir su completa otredad, su divergencia absoluta respecto al ser humano, que las identifica como los Otros o lo Otro por excelencia. Cómo, engañosamente, inventamos sucedáneos de lo alienígena, de ese Otro ajeno, para disimular, sin que podamos evitar esculpir y rellenar su Vacío – incluso en negativo – con nuestras propias concepciones humanas de la realidad (nuestra humana percepción de lo real)”.

Según el volumen de Impedimenta utilizado para la reseña, “Stanisław Lem fue miembro Honorario de la SFWA – Asociación Americana de Escritores de Ciencia Ficción, de la que sería expulsado en 1976 tras declarar que la Ciencia Ficción estadounidense era de baja calidad”. Al editor se le olvidó reconocer que sin lugar a dudas Lem tenía toda la razón.

Comentarios

Comentarios