Lo conocí en la Casa de Poesía Silva de Bogotá. Es un caballero; charlamos algunas cosas y luego él procedió a la presentación de uno de sus libros: La música del juicio final. Estaban con nosotros, el periodista Antonio Morales, Fernando Denis y muchos otros personajes de la vida cultural; yo, que llegaba de provincia, me sentía fascinado por la atmósfera literaria de la antigua casa donde vivió el gran poeta bogotano Silva. Y, quizá por esa obnubilación de lo nuevo, no me detuve a dialogar con mayor profundidad con Eduardo, un importante escritor e intelectual del país.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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