Nariño: el noveno departamento de Colombia.

(tomado del libro de mi autoría “Apuntes para una nueva historia”)

  

Permítanme los lectores transcribir el artículo intitulado “EL CINCUENTENARIO DEL DEPARTAMENTO DE NARIÑO” aparecido en la revista Ilustración Nariñense correspondiente al mes de diciembre del año de 1954. El director de esta revista era el señor Rafael Delgado Ch. y el número tenía un valor de $ 0.30. En la carátula encontramos la estampa de don Julián Bucheli.

Este artículo nos da pie para tratar un asunto que hasta nuestros días es motivo de confusión, pues reiteradamente se denomina al Departamento de Nariño como el Décimo Departamento de Colombia y es curioso que en el año de 1954 como se dijo, hasta nuestros días, se siga considerando a Nariño como el número Diez en su creación.

Este hecho histórico se debe a que hasta el año de 1903 Colombia contaba con nueve departamentos, incluido Panamá. Pero como se sabe, Panamá le fue arrebatada a Colombia y el 3 de noviembre de 1903 una junta de importantes ilustres panameños declaró su independencia de Colombia. No fue sino hasta el año de 1904 cuando se dio vía libre a la creación del Departamento de Nariño. De ahí surge la confusión, por cuanto se había extendido la denominación de Decimistas y lo que el pueblo bautiza las leyes no lo tumban.

Al separarse Panamá de Colombia, ésta queda conformada únicamente por ocho departamentos y a Nariño le corresponde ser el Noveno Departamento de nuestra patria.Este embrollo nos acompaña hasta nuestros días y es muy común el leer que “Nariño fue el Décimo Departamento del territorio Colombiano”.

Digamos más bien que Nariño es “NOVENARIO” por cuanto Nariño, el Precursor, fue devoto de “La Virgen Inmaculada”…

EL CINCUENTENARIO DEL DEPARTAMENTO DE NARIÑO

REMINISCENCIAS

(ILUSTRACION NARIÑENSE – DICIEMBRE DE 1954)

 

“El Departamento de Nariño ha cumplido ya el Cincuentenario de su creación por la Ley 6ª de agosto de 1904, dictada por el Congreso Nacional y sancionada por el Excelentísimo señor Presidente, don José Manuel Marroquín.

Acontecimiento de vital importancia fue la creación del Décimo Departamento con el nombre del precursor de nuestra emancipación.

El antiguo Cauca se extendía desde el Darién hasta el Carchi y el Amazonas. Figuraban casi topográficamente un enorme lagarto con la cola de los pueblos meridionales de Colombia, y por su extensión y población decidía de los destinos de la República en el campo político y administrativo.

Si ahora mismo que los nariñenses formamos una entidad independiente poco hemos sentido, por no decir casi nada, la acción bienhechora de los gobiernos nacionales, si apenas nos tiran un confite para entretenernos como a párvulos, ¿qué beneficio en grande podían recibir nuestros mayores que formaban la cola de los administradores del Antiguo Cauca?

Sus peticiones, sus reclamos, eran voces que se perdían en el vacío, como la voz del que clama en el desierto. Por eso el Décimo Departamento fue una medida redentora y de progreso para toda la Nación, con la que se vio surgir varios departamentos que han trabajado por el engrandecimiento de Colombia.

La lucha para nuestros mayores, no por supuesto de sangre, era descomunal; tenían que lidiar contra el Cauca Grande, no menos prestigioso, y contra todas las antipatías de los norteños de Colombia. Habían menester los nuestros de talento, de dinero y de influencias para llevar a cabo el Décimo Departamento. Talento no faltaba. Estaban en lo mejor de su prestigio intelectual Samuel Jorge Delgado, Manuel María Rodríguez, Julián Bucheli, Luciano Herrera, Tomás Hidalgo, Adolfo Gómez Latorre, Daniel Zarama, Joaquín y Ángel María Guerrero (padre), Gustavo S. Guerrero, Ángel Martínez Segura, Justo Guerra, Juan Moncayo y varios otros que batallaban por la prensa y en los congresos por el triunfo del Décimo Departamento. También los ciudadanos de algunos recursos pecuniarios contribuían con su ayuda en la empresa para sostener los gastos que demandaba la avanzada intelectual en Pasto y Bogotá.

En general era Pasto decimista, aunque no faltaron excepciones, algunos puntos negros, no sólo en esta ciudad sino además en otras poblaciones de la patria chica, sin duda porque estaban ocupados en la cosa pública por el gobierno del Cauca.
Callamos sus nombres por no herir la sensibilidad de sus descendientes. Organizado el Departamento, el señor Bucheli llamó a colaborar en su Gobierno a varios de los antidecimistas y con esto se acabó la oposición.

Como se dijo, la lucha era desigual para nuestros mayores, basta recordar este episodio:

Cuando llegó a Popayán don Tomás Hidalgo, una multitud prevenida rodeó a nuestro paisano y sin esperar nada le preguntaron: que ¿de dónde era y a qué había venido a Popayán? Hidalgo les contestó con bizarría: “Soy pastuso y he venido a la Ciudad de Pubenza a trabajar por el bien de mi patria chica y a publicar mi Historia del Sur de Colombia”. Su hermano Ricardo Hidalgo, preguntado sobre la historia dijo al que le interrogaba: “Mi hermano Tomás, ciertamente llevó a Popayán la Historia del Sur de Colombia ya concluida en siete resmas de papel oficio” y ya sabemos que esa valiosa obra desapareció y que apenas quedaron algunos fragmentos.

Por aquí puede apreciarse la lucha desigual en que estaban empeñados nuestros mayores para sacar triunfante el Décimo Departamento.

El Ilustrísimo señor Moreno, decimista de corazón, quería que la nueva entidad llevase el nombre de la Inmaculada; pero el señor Bucheli y otros patriotas que vieron que ese augusto nombre se prestaría a profanaciones, se decidieron por el nombre de Nariño, ya porque el Precursor fue devoto de la Virgen Inmaculada, y también para congraciarse con el pueblo bogotano y hallar ambiente al Nuevo Departamento.
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Los Estados Unidos ofrecieron su ayuda a Panamá y consiguieron así apoderarse de ese pedazo de América que estaba destinado a ser, según el sueño de Bolívar, la sede del Gobierno Grancolombiano.

El imperio del Norte, nuestro hermano mayor, utiliza los preceptos maquiavélicos de “divide y vencerás” para hacer de nuestros pueblos débiles y tributarios vasallos que alimentan su ambición.

En el año de 1886 y como presintiendo el destino de nuestros pueblos, Julián Bucheli traduce del francés el artículo “El embuste en los Estados Unidos” y advierte a las naciones del Sur el peligro que se cierne sobre su cabeza. Observemos lo profético del artículo y la inteligencia de los hijos del Sur para adelantarse a los hechos históricos:

“El embuste es el genio de los Americanos. Han hecho de él, una verdadera ciencia, que nadie despreciaría, elevándolo hasta las más altas especulaciones de la Filosofía Práctica. Mientras los metafísicos buscan en Europa, sin provecho ninguno para su bolsa la razón de las leyes divinas; y mientras se esfuerzan los filósofos en someter al análisis las pasiones y sentimientos del hombre; la escuela filosófica del embuste, en la América del Norte, se contenta con estudiar a fondo la tontería humana, sus extravagancias y sus vicios, para explotarlo en provecho suyo.

“Está tan arraigado el embuste en las costumbres americanas, que ha llegado a ser el estímulo indispensable, y como el alma que anima todas las cosas, buenas o malas…”.

Nada tan categórico, contundente y acertado. Y así los caminos de la América se nutren al Norte de la Prosperidad y al Sur de la ignominia y la infelicidad”.
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Para hacernos a una idea más clara de la importancia de Panamá en los destinos del planeta a comienzos del siglo, leamos en un libro de quinto de primaria las siguientes apreciaciones:

“Panamá era un departamento de Colombia, pero este departamento tenía una característica muy importante: ser el lugar de América en donde se encuentra la franja de tierra más estrecha entre el océano Atlántico y el océano Pacífico”.

“Esta circunstancia hacía que otros países lo miraran con codicia, puesto que se constituía en un punto clave de dominio, político y militar”.

“Los colombianos de la época eran conscientes de la posibilidad de abrir un canal que uniera los dos océanos y, en 1878, ya se había realizado un intento que fracasó por diversos motivos. A partir de entonces el gobierno colombiano inició negociaciones con Estados Unidos para que este país ayudara a financiar la construcción del canal”.

“La obra del canal estaba completamente suspendida cuando estalló la guerra de los Mil Días.”

“Una vez terminada la misma y encontrándose el país en una situación lamentable, el gobierno de Estados Unidos presentó al de Colombia una propuesta sobre el control del canal completamente desventajosa, la cual, como era de esperarse, no fue aceptada”.

“Frente a ese rechazo el gobierno estadounidense invitó a la clase dominante panameña a que se independizara de Colombia, ofreciéndole su respaldo militar”.

“Ante esta situación nuestro país no pudo hacer nada y el 3 de noviembre de 1903 una junta de notables panameños proclamó su independencia”.

Y como una ratificación histórica podemos decir que esa alma de embuste que anima al país del Norte, contribuyó para que en Colombia “animada de todas las cosas, buenas o malas…” se declarara una guerra interna que “dejó más de 70.000 muertos, una cifra altísima para una población total de sólo 400.000 personas”. (¡!).

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