“La Condesa se alivió de sus fiebres gracias al principio activo que tiene la Quina y no contenta con ello, se dio a la tarea de repartir en abundancia ese medicamento en los hospicios de Lima y de otros poblados del Perú, y tanto se divulgó esta singular beneficencia que, al repartirse muy triturada, las gentes la bautizaron con el nombre de: “polvos de la condesa”.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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