Deforestación

En noviembre pasado la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nariño presentó el llamado Plan Integral de Gestión Territorial del Cambio Climático en un evento llamado Nariño Actúa Sobre el Cambio Climático 2019-2035. Evento y proyecto tuvieron el apoyo del GGGI, el Global Green Growth Institute, que justamente un año atrás había realizado un informe alarmante sobre la deforestación en Nariño.

En dos años, decía su informe, Nariño había perdido 15.646 hectáreas, que correspondían al 0,5% de la superficie del departamento. Sólo en 2018, Nariño aportaba el 2,3% a la deforestación total de Colombia. Se le mire por donde se le mire, esto era una atrocidad, sobre todo en los dos municipios donde se concentraba el mayor porcentaje: El Tambo y Tumaco.

De todos es sabido de donde viene el problema. Las dos poblaciones son enclaves del crimen organizado y el trafico de droga, que se han enquistado con tanta fuerza allí, que la lucha de las Fuerzas Armadas de Colombia se ve tibia o de poco calado. Sólo en El Tambo, dicen, hay unas 10.000 hectáreas de cultivos ilícitos.

Es verdad, como ya se ha dicho muchas veces en esta columna, que esta lucha hay que continuarla, pero también es verdad que no puede estar sola. Ese Plan Integral de Gestión Territorial es una manera de combatir porque plantea alternativas y propone acciones en aquella zona tan complicada.

Lo mismo sucede con el documento Conpes 4021, presentado hace poco en Leticia, mediante el cual el Gobierno establece una “política nacional para el control de la deforestación y la gestión sostenible de los bosques”. La base del documento va desde consolidar alternativas productivas sostenibles hasta reducir dinámicas ilegales que impulsan la deforestación. El documento anuncia trabajos en 150 municipios.

Sin embargo, la burocracia es complicada y estas ideas se llevan a cabo de manera tortuosa y lenta. Por eso son tan importantes las propuestas de gente emprendedora.

El año pasado en Ciencia Cierta, el programa de Minciencias destinado a promover experiencias ciudadanas y comunitarias en las que mediante la tecnología se ayude a la sociedad, se presentaron cinco experiencias nariñenses y todas tenían que ver con la deforestación:

En ellas destacaba Restauración Ecológica Participativa del Ecosistema Alto Andino y Páramo, de Nariño, que combate la tala de bosques, no con protestas sino con recuperación de la zona afectada. La organiza el Grupo Restauración Ecológica Comunitaria Flor de Quinde con más de diez años de experiencia. Sus miembros son guardaparques voluntarios y los más jóvenes mantienen el vivero comunitario El Chaquilulo con especies nativas.

Y también llamaba la atención el Proyecto de Educación Ambiental Jóvenes, de Tumaco, alternativa a la deforestación. Lo lleva a cabo la asociación Rompiendo Barreras por un Ambiente Sano, y sus miembros están empeñados en reproducir fauna nativa, como los tipos de manglar propios de esa zona. Está asociación nació en uno de los barrios donde el conflicto armado y la violencia son el pan de cada día.

Colombia y Nariño está lleno de héroes silenciosos que trabajan sin descanso porque el mal continúa.

Decía Joaquín Mauricio López en una columna en AgroNegocios, que hace unos años el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, IIED, lanzó una curiosa, pero alarmante advertencia: si hoy Colombia no tuviera la región amazónica, Cartagena de Indias no tendría temperaturas promedio de 31° o menos, sino mayores a 57°, en el “mejor” de los escenarios.

¿Se imaginan? No podríamos vivir. Algo hay que hacer y todos los esfuerzos son bienvenidos, aunque algunos reciban más apoyo mediático que otros.

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