El abrazo de la bandera.

Por: Luis Carlos Erira

Uno de los grandes protagonistas de este gran paro nacional ha sido la juventud. Los jóvenes han llenado las calles de alegría, de coherencia, de dignidad y resistencia ante el desconocimiento sistemático no solo de sus derechos sino el de todos los demás colombianos. Pero un detalle que ha sido consistente y reiterativo me ha llamado la atención y tiene unas implicaciones tan profundas como hermosas.

En las jornadas de protesta, casi todos los jóvenes marchan con la bandera de Colombia amarrada sobre sus cuellos, como una capa de héroe o un manto sagrado. Un detalle profundo porque consciente o inconscientemente el mensaje que intentan trasmitirnos es el de la búsqueda y lucha de un estado; que al igual que la bandera que los arropa, los proteja y les garantice derechos tan básicos como la educación, la salud, un empleo digno y las condiciones mínimas para que puedan cumplir sus sueños.

En resumen, un país donde puedan vivir con dignidad, en paz y con justicia social. Yun detalle hermoso, porque cuando se amarran la bandera o la agitan entre sus valientes brazos, no solo lo hacen y luchan por sus derechos sino por el de todos, aún por el de aquellos que se atreven a llamarlos vándalos. Un mensaje poderoso, porque nos enseña a pensar en lo colectivo y abandonan lo individual, como síntoma o atadura de una sociedad injusta e inequitativa. Pero el mensaje más sublime y a su vez triste, lo observo en su lucha diaria en contra de autoridades que en vez de proteger su vida y la de la sociedad se han dedicado a atacarla y a atacarlos.

Sublime porque están dispuestos a dar su vida por la bandera que los arropa y por los derechos de todos y triste porque en esa lucha por los sueños, muchos ya han entregado su vida, otros sus ojos y dignidad. La alegría, la empatía, la cultura, la solidaridad, los cantos y los bailes de los jóvenes debe continuar en las calles, hasta que el abrazo de la bandera que ellos buscan sea una realidad y no una simple ilusión o promesa de una clase política que generación tras generación los ha invisibilizado. Y tal vez, para cumplir ese objetivo, el siguiente paso a dar debe ser la organización de todas las juventudes del país de cara a la lucha electoral que se avecina.

Ellos que fueron capaces de tumbar una reforma tributaria, de la salud y generar empatía con los derechos de los mas necesitados, son los llamados a dirigir al país. Tarea que no podrá cumplirse sino trasladan la lucha de las calles a la lucha en las urnas, su liderazgo en las calles al liderazgo en la política. Ya ganaron en las calles, ahora debemos ganar en las urnas para finalmente poder sentir el abrazo de la bandera, no solo para ustedes sino para nosotros y la generación que se avecina. No son vándalos, para mí son los nuevos héroes que escribirán la historia y que llevan amarrada entre sus cuellos el sueño y la esperanza de todo un pueblo. Gracias por esa profunda, sublime y poderosa enseñanza.

 

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