Las escuelas Taller

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

Uno de los compromisos de una región, país o ciudad que tenga una práctica reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, es la preservación o salvaguardia. Para la UNESCO, gestora de ello, salvaguardar significa transferir conocimientos, técnicas y significados, de acuerdo con la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003.

En 2009, mediante el Decreto 2941, se creó en Colombia el Plan Especial de Salvaguardia es un acuerdo social y administrativo, mediante el cual se establecieron directrices, recomendaciones y acciones para garantizar la existencia de un patrimonio. Y en 2019 la UNESCO estableció el Registro de Buenas Prácticas del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En ese año se aprobó el Plan de Salvaguarda del Barniz de Pasto, entre otras técnicas.

¿Cómo hacer para que todo esto sea efectivo? Ante todo que el compromiso perdure más allá de los Gobiernos de turno. Quien llegue deberá cumplirlo y apoyarlo con recursos y proyectos. Así ha sido en los últimos años y así deberá ser en los siguientes. Y el más importante de esos proyectos es el Programa Nacional de Escuelas Taller de Colombia, donde se forman las nuevas generaciones en alfarería, construcción luthier, filigrana, tejidos, talla en madera, gastronomía, jardinería y técnicas de construcción tradicional.

La idea inicial era crear Escuelas Taller en todo el país, pero la pandemia afectó los planes y en este momento hay nueve funcionando y van camino de ser 16. En el Pacífico, región sufrida donde las haya por culpa de los violentos, existen tres: una en Quibdó, una en Buenaventura y una en Tumaco. Una joven muy entusiasta, Marcela Aragón Valencia, es quien dirige esta última.

Sin entusiasmo no hay efecto, desde luego. Y eso es algo que siempre se ve en los municipios más azotados por la violencia como Samaniego. Su Biblioteca Pública Cocuyos es todo un símbolo de la cultura frente a la maldad. Por eso a la par de las Escuelas Taller se crean talleres más pequeños, los cuales han generado 4.523 aprendices y 237 maestros en 151 municipios.

¿Porqué no están Pasto y su Barniz en esta red de Escuelas Taller? La primera reacción a la pregunta es rasgarnos las vestiduras y clamar al cielo contra el centralismo gubernamental. Pero como también sabemos que los lamentos no sirven de nada, deberíamos sacar ventaja de lo que ya existe.

Una de las ideas de Marcela Aragón es tender puentes entre las Escuelas Taller del Pacífico. Hace poco, por ejemplo, se hizo un curso de coctelería de viche, licor destilado muy propio de la región. Asistieron aprendices de toda la región. Su diplomado y recomendaciones de las Escuelas les permitirán trabajar en hostelería y restauración como trabajadores de turismo o como emprendedores regionales.

¿Pero cómo tender puentes con el barniz, si eso sólo es de Pasto?, nos podemos preguntar. Si, pero es la técnica la que es pastusa. La resina viene de Putumayo, la madera de poblaciones aledañas, los tintes de otros lugares. No hace falta pensar en otros lugares donde se haga este tipo de artesanía, sino ver donde se hacen otras cosas relacionadas y vincular actividades.

Pongamos un ejemplo: Arce Percusión, familia tradicional de Pasto especializada en congas, bongós, güiros, claves y maracas. Su materia prima llega a fábricas más grandes como El Piernas en Cali, y este llega a su vez a diferentes ciudades de Estados Unidos. ¿No se podrían hacer instrumentos decorados con barniz? Por supuesto. De hecho, la idea ha estado ahí en el aire durante años, pero nadie se atreve a dar el primer paso.

Y luego está lo legal. Una de las cosas que más ayudan a la salvaguarda del patrimonio inmaterial es la denominación de origen. Quizás una de las mayores carencias de las Escuelas Taller es la falta de información especializada al respecto. Tener un sello de identidad ayuda a fortalecer el arraigo de un conocimiento.

Volvamos al caso el barniz. En Bogotá hay montones de almacenes y galerías donde se venden artesanías de todo tipo, y hay, como no, cajitas de barniz, joyeros, ceniceros y dominós. Pero por ninguna parte dice que son hechas en Pasto. De modo que todo el mundo tiene una cajita de artesanía colombiana, pero muy poquitos lo reconocen como algo hecho en su lugar de origen.

Las Escuelas Taller son un gran proyecto, pero como hemos dicho, necesita constante inyección de recursos y de ideas renovadoras. Es nuestra manera de aprovechar y conocer mejor nuestro patrimonio.

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