Las lenguas nativas

En Colombia hay 69 lenguas nativas, la mayoría son indígenas, pero también hay dos lenguas afro, una gitana y la lengua de las señas. El Ministerio de Cultura realiza cada año un censo para ver el estado de salud de esas lenguas y a cada año desciende el número de hablantes. Algunas de ellas apenas tienen hoy un par de personas que las mantiene vivas.

Es muy difícil para un país mantener esa vigencia, en gran medidas por razones geográficas; cosa que le sucede a Brasil y sus 186 lenguas con un gran porcentaje en el Amazonas. Pero también porque el llamado “acceso a la civilización” se da en el idioma nacional. No hay otras vías lingüísticas y establecerlas requiere de un plan tecnológico a muy largo plazo. En ese tiempo ya se habrían extinguido unas cuantas.

Los otros caminos son la recolección de grabaciones, la elaboración de diccionarios, la enseñanza oral y las nuevas líneas de investigación que entidades como el Instituto Caro y Cuervo vienen realizando en el marco de la Cátedra UNESCO de Políticas lingüísticas para el multilingüismo.

Lo de la enseñanza oral es lo más atractivo por lo básico de su esquema. En México (país con 68 idiomas indígenas, pero 350 dialectos), el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas de CDMX, promueve un método de preservación llamado Nido de Lengua. Este consiste en que las personas mayores se reúnen con grupos de niños para transmitirles ese lenguaje, al estilo del Abuelo Simpson al pie del limonero.

En cuanto a la Cátedra UNESCO, todo se congrega a partir del Día Internacional de la Lengua Materna y Día Nacional de las Lenguas Nativas con actividades en Zoom y Facebook Live. Este año eso será del 19 al 21 de febrero. En estas actividades se suelen plantear estrategias de revitalización lingüística, iniciativas educativas y los casos de las lenguas transhumantes, que el éxodo de la violencia incrementó.

Pero aunque la Ley 1381 de 2010 las protege, no hay una política clara para preservar el multilingüismo. La UNESCO dice que “los derechos lingüísticos de los pueblos propician el reconocimiento, respeto, protección y estímulo al uso de las lenguas en diferentes ámbitos, entre ellos el hogar, la escuela, las comunidades, el territorio ancestral, nacional e internacional, específicamente en el ámbito latinoamericano”. En suma, que son vehículos de cultura y de sistemas de vida.

Hace algún tiempo en esta columna hablamos del Encuentro de Carnavales y Fiestas Tradicionales del Mundo, que con el trabajo de Juan Carlos Santacruz reunía tradicionales de varias regiones y países en Pasto; y que dentro de esas tradicionales estaban las lenguas nativas. La pandemia desbarató esa idea y se espera que cuando esto pase los nuevos gerentes de Corpocarnaval la revitalicen.

Pero también hablábamos del profesor pastuso del SENA, Jorge Giraldo Guerrero y de su proyecto Wha´Nshöhöt Translator, un sistema que busca traducir español, inglés y portugués a cualquier lengua indígena. El proyecto, que nació en 2016, sigue en fase preliminar, que es la de recolección de palabras. Sin ayudas financieras más altas que las actuales, esto le llevará una vida, pues el ambicioso plan trabaja con lenguas de todo el mundo.

Para hacernos una idea de la dimensión, en Nariño existen seis pueblos indígenas y casi todos son, además, hispanohablantes. Hay dos familias lingüísticas: las lenguas barbacoanas y las lenguas quechuas. De las cuatro barbacoanas, tres han muerto y sólo sobrevive la Awá pit. Y de las quechuas tan sólo está vivo el quichua norteño, que es el padre natural de los distintos diccionarios pastusos que conocemos: el de Arturo Pazos, el de Héctor Bolaños, el de Rafael Sanz, y otros autores de artículos sobre el tema.

Quizás el Wha´Nshöhöt sea más ágil si trabajase con esas familias lingüísticas, y más adelante el resto, cubriendo paulatinamente región y país. Pero es un sistema digital y hay que aplaudirlo.

Caso aparte son las cuatro lenguas colombianas no indígenas. La creole de San Andrés y la criolla de San Basilio de Palenque sobreviven por la música. Y eso es algo que deberían las instituciones tomar muy en cuenta, pues no hay más atractivo que la música para difundir algo.

La lengua gitana, ya hemos visto, que es tema de debate permanente. Pero la de las señas, que no está recogida en la Ley 1381, por cierto, es increíblemente la que más sufre hoy por hoy. La principal razón es la falta de intérpretes para niños sordos en los centros educativos por culpa de la pandemia. Y también sufre el programa de interpretación de lengua de señas de la Universidad El Bosque, el único del país. La Covid-19 lo ha tocado todo.

Menos mal hay iniciativas privadas: chicos que crean apps de comunicación con señas, festivales de teatro con señas y un proyecto de ley del que ya hablaremos. Un tema aparte en un mundo de supervivencia lingüística.

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