Octavio Libreros: cuando la cultura rusa llama a la puerta de Nariño

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Pablo Emilio Obando A.

Tuve la grandiosa oportunidad de dialogar con un brillante profesional y un maestro en todo el sentido de la palabra. David Esteban Hernández Granda, quien ha escogido para su tránsito intelectual un nombre distinto: Octavio Libreros.

No se trata de un simple seudónimo, sino de una identidad literaria construida alrededor de los libros, la investigación y la cultura. Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Nariño, especialista en Literatura Comparada y magíster en Educación y Entornos Virtuales de Aprendizaje.

Su hoja de vida revela una particular obsesión intelectual: comprender al ser humano desde la literatura, la filosofía, la educación y la cultura.
Pero existe un nombre que parece ocupar un lugar privilegiado en esa cartografía intelectual: Fiódor Dostoievski.

A Dostoievski lo ha leído, estudiado, investigado y convertido en materia permanente de reflexión académica. De esa relación nació “Mi Dostoievski’, publicado por la Editorial Universidad de Nariño, una obra que abrió nuevas puertas a su trayectoria.

También aparecen en su producción Margoth y diversos capítulos de libro dedicados a Dostoievski, Balzac, la literatura rusa y la literatura comparada.

Su trabajo académico lo ha llevado a escenarios nacionales e internacionales, particularmente hacia Rusia, Cuba y Argentina.

En Rusia ha participado en congresos, encuentros y actividades de cooperación académica y cultural vinculadas con el mundo eslavo. Su nombre aparece además relacionado con la Asociación Colombiana Dostoievski y con espacios de intercambio académico con instituciones rusas.

No es, por tanto, un visitante ocasional de la cultura rusa, sino un investigador que ha convertido esa relación en proyecto de vida.
Hoy Octavio Libreros se encuentra nuevamente en Pasto con una idea que merece ser escuchada con atención.

Busca construir los contactos necesarios para crear un Centro de Estudios Rusos, con especial énfasis en la obra de Fiódor Dostoievski. La propuesta tiene una dimensión que trasciende lo estrictamente literario.

Se trata de abrir una puerta académica para profesionales, estudiantes e investigadores de Nariño interesados en acceder a oportunidades de formación en Rusia. Según el proyecto que viene promoviendo, existen posibilidades de becas y programas de cooperación que pueden incluir viaje, permanencia y formación académica. Una oportunidad semejante no debería perderse entre escritorios, formularios y trámites interminables.

Sin embargo, esa ha sido precisamente una de las dificultades que ha encontrado en su recorrido por instituciones del departamento. Ha buscado acercamientos con la Secretaría de Educación Departamental y, según relata, no encontró allí la receptividad que esperaba. Incluso refiere que se le planteó la necesidad de disponer de recursos para la elaboración de proyectos antes de que su propuesta pudiera ser considerada.

También ha tocado las puertas de instituciones universitarias, encontrándose con ese viejo laberinto burocrático que tantas veces termina sepultando las buenas ideas.

Y aquí aparece una pregunta incómoda: ¿cuántas oportunidades culturales dejamos escapar simplemente porque nadie quiere abrir la puerta?
Nariño necesita menos solemnidad institucional y más capacidad para reconocer el talento que nace dentro y fuera de sus fronteras.

Un Centro de Estudios Rusos podría convertirse en puente entre Pasto, Colombia y una tradición intelectual de enorme riqueza. Podría acercar a nuestros jóvenes a Tolstói, Dostoievski, Bulgákov, Pushkin y a todo un universo cultural que todavía permanece distante para muchos.

Y podría, sobre todo, convertir una beca internacional en una posibilidad concreta de transformación académica para nuestros profesionales.

Octavio Libreros no llega con las manos vacías: trae libros, investigaciones, contactos, experiencia internacional y una voluntad manifiesta de gestionar. Lo hemos visto acercarse a universidades, diplomáticos, embajadores y escenarios culturales buscando convertir una idea en realidad.

Ahora corresponde preguntar si Nariño será capaz de escuchar esa propuesta antes de que otra región decida acogerla. La cultura también necesita gestión, y la gestión cultural necesita instituciones capaces de reconocer el momento histórico cuando este toca a su puerta.

Octavio Libreros ha decidido tocarla; sería lamentable que Nariño, una tierra de escritores, maestros y pensadores, decidiera no abrirla.

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