Las mujeres de Bolívar

El escritor Álvaro Pineda Botero, autor de la novela El Insondable Planeta. Bogotá. 1997, realizó este comentario sobre el libro Las mujeres de Bolívar

Querido amigo Édgar:

Mil gracias por tu oferta de publicar un artículo mío en El Tiempo. Estoy jubilado y ya no escribo para la prensa, pero con mucho gusto te envío a continuación algunas impresiones que me suscitó la lectura de tu libro, las cuales puedes utilizar a tu gusto.

Citas en la bibliografía a Blanca Gaitán de París, miembro de número de la Sociedad Bolivariana, quien recopiló y publicó una serie de artículos bajo el título de La mujer en la vida del Libertador (Bogotá, segunda edición, 1991). Coincides con ella en algunos nombres, y ambos le dan especial importancia a Manuela Sáenz. Difieren en el tratamiento: Gaitán de París rinde homenaje al elemento femenino en su papel protagónico en la gesta de independencia, y acentúa la idea de que la lucha no fue asunto exclusivo de hombres (de ahí el título). Esto le permite mencionar, además de las amantes de Bolívar, a otras mujeres, por ejemplo, a las esclavas negras que lo amamantaron de niño, y a las que le ayudaron en momentos de crisis o enfermedad. El texto tuyo, en cambio, muestra a la mujer como objeto sexual, señalando que Bolívar, además de guerrero y político, era gran amador. Relacionas su figura con las de don Juan Tenorio, Rubirosa y Casanova, configurando así una tipología humana particular, que ya has explorado en otros trabajos.

La lectura de tu obra me recordó capítulos de mi novela sobre Bolívar. En ella también enfatizo el elemento femenino. Aparecen muchas mujeres.   María Teresa Rodríguez del Toro es una de las voces narrativas y, a través de su diario íntimo de recién casada, conocemos facetas del carácter de su esposo. Fanny de  Villars en París lo introduce en el mundo galante e ilustrado de la gran urbe, y una gitana en Nápoles (que muy pocos mencionan) determina su destino de guerrero.

Los episodios con Manuela Sáenz son, quizás, los que más escándalo produjeron en la sociedad de aquellos años. Citas al venezolano Denzil Romero, con quien hice una buena relación cuando vino a la Feria del Libro en Bogotá, por los años de 1990, y con quien mantuve correspondencia hasta su muerte. Tenía una impresionante lista de libros publicados sobre Francisco Miranda, que me fueron de utilidad en mi investigación sobre Bolívar, y, también, para comprender los vasos comunicantes que se establecen entre la Historia y la Novela (ambas con mayúscula).  Poco después de aquel encuentro en la Feria del Libro, Romero pasó a la fama con La esposa del Dr. Thorne, que ganó el premio “La Sonrisa Vertical” y que tú también citas.  A Manuelita le das un tratamiento menos espectacular que el que le da Romero, pero más verosímil, otorgándole dimensión no solo en lo sexual sino también en lo histórico. Yo, por mi parte, me abstuve de incluirla en mi narración, ya que consideré que sus amores con Bolívar son bien conocidos. (Como sabes, mi novela se centra en la juventud de Bolívar en Europa y su agonía en San Pedro Alejandrino, buscando un contrapunto entre el esplendor y el ocaso).

Otras figuras que adquieren importancia en tu obra son Bernardina y Nicolasa Ibáñez. Las presentas adecuadamente, como amantes de Bolívar y Santander.  Encontrarlas en tu libro esta semana coincidió con otra obra que estoy leyendo: la Biografía de Santander de Pilar Moreno de Ángel, publicada en 2019, que ofrece materiales nuevos y observaciones inteligentes sobre estas y otras figuras y acontecimientos.

En fin, querido Édgar, me has proporcionando unos momentos placenteros y has despertado mi nostalgia por aquellos temas y episodios que determinaron nuestra identidad nacional. Te felicito, tu libro está bien escrito, bien documentado. Es original en la perspectiva del análisis y se lee con agrado. Renueva la mitología de nuestros orígenes e informa con amplitud sobre la faceta más humana del gran Bolívar.

Te deseo lo mejor para este año que comienza. Un gran abrazo de tu amigo y colega,

Álvaro

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