Lo que Iván Cepeda propone para Nariño y lo que deja por fuera

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Nariño aparece en el programa de gobierno de Iván Cepeda como un territorio estratégico dentro de su visión de país. En el documento, el candidato plantea compromisos enfocados en la defensa del territorio, el fortalecimiento de la economía campesina e indígena, la lucha contra la corrupción, el acceso al agua potable y una mayor presencia del Estado en zonas históricamente golpeadas por el abandono. Sin embargo, el texto también deja vacíos importantes en temas clave para el departamento, como la conectividad vial, el desarrollo empresarial, la relación con el centro del país, la paz territorial y la gobernanza criminal. Además, la propuesta proyecta una mirada parcial de Nariño, al centrarse en algunos sectores sociales sin abarcar plenamente la diversidad económica, territorial y humana que define al departamento.

Uno de los énfasis más visibles está en Tumaco, presentado como una región con potencial para convertirse en motor económico y portuario del Pacífico. Allí, Cepeda habla de impulsar cadenas productivas como el cacao, el coco y el plátano, además de promover industria, educación, cultura y acceso efectivo al agua potable, en un municipio donde el acueducto sigue siendo una deuda histórica.

En el sur de Nariño, especialmente en territorios indígenas como Guachucal y Cumbal, el programa insiste en la defensa de la tierra, el respeto a la autonomía de los pueblos indígenas, la protección de los páramos, las fuentes hídricas y los sistemas productivos tradicionales. También se plantea respaldo a la economía campesina e indígena, en especial frente a amenazas que, según el documento, ponen en riesgo actividades esenciales como la producción lechera y papera.

Otro componente importante de la propuesta es la idea de una transformación territorial con justicia social, en la que Nariño tendría un papel relevante. Cepeda habla de fortalecer la presencia institucional, impulsar infraestructura social, respaldar procesos productivos y continuar con pactos y compromisos ya iniciados en el territorio. En esa línea, menciona incluso que uno de sus primeros actos de gobierno sería regresar a Nariño para presidir el Consejo Directivo del Pacto por la Vida y por la Paz del territorio.

Lo que falta por decir sobre Nariño

Sin embargo, aunque el documento dedica varios apartados a Nariño, también deja vacíos en asuntos que para el departamento resultan centrales. No hay una mención de fondo a la conectividad de Nariño con el centro del país a través del corredor Pasto-Popayán, ni una referencia concreta a la continuidad de la segunda fase de la doble calzada, una de las obras más sensibles para la competitividad y la integración regional.

Tampoco aparece una propuesta clara sobre la salida de Pasto hacia Putumayo como corredor estratégico para el sur del país, ni se desarrolla con suficiente precisión una agenda de desarrollo empresarial y económico que permita transformar las realidades del territorio y reducir la histórica dependencia de Nariño frente a Bogotá.

En materia de paz, aunque el programa habla de implementación del Acuerdo, seguridad humana y diálogos, no aterriza de manera específica qué ocurrirá en Nariño con asuntos decisivos como la continuidad de los diálogos territoriales, el tratamiento de la gobernanza criminal en zonas donde grupos armados y economías ilegales siguen condicionando la vida de las comunidades, ni cuál será la hoja de ruta concreta para enfrentar esa disputa de poder en el territorio.

Ese vacío no es menor. En un departamento como Nariño, donde la paz no puede entenderse solo como discurso sino como control territorial legítimo, inversión pública, protección comunitaria y oportunidades económicas reales, la falta de definiciones más profundas sobre estos temas deja preguntas abiertas.

Una propuesta con énfasis social, pero con desafíos pendientes

En conjunto, la propuesta de Iván Cepeda para Nariño dibuja una apuesta marcada por la justicia social, la defensa del territorio, el respaldo a comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes, y una promesa de intervención en zonas como Tumaco. Pero también evidencia que, frente a los grandes cuellos de botella del departamento, aún hacen falta respuestas más concretas.

Porque en Nariño no solo está en juego la inversión social. También están en disputa la conectividad, la competitividad, la seguridad territorial, la paz real y la posibilidad de construir una economía con mayor autonomía regional. Y sobre esos temas, el departamento sigue esperando definiciones más de fondo.

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