Pasto sin dolientes

 Da mucho pesar que las obras civiles del municipio de Pasto no tengan dolientes, ni entes de control que vigilen su ejecución. Es penoso ver cómo unos contratistas que asumieron la obra del intercambiador vial Agustín Agualongo se han burlado de los habitantes de la ciudad y de las propias autoridades. Es el colmo de la desfachatez. La ejecución de la obra debía durar un año, ya llevamás de dos años y no terminan. Se presupuestó para 14 mil millones y termina costando 22 mil millones. Por Dios, esto es el colmo. Nos creyeron imbéciles.  Me reservo el derecho de la duda ante la decencia de estos contratistas, ¿y con la complicidad de quién? Sabrá Dios y que lo investigue el señor Procurador, si de verdad le interesa salvaguardar los bienes públicos.

Además la obra adolece de elementos importantes que permita el flujo de peatones, puesto que dicho cruce no solamente debe ser para los carros y las motos, sino para peatones que somos la mayoría. Se debe tener en cuenta que por el sector transitan un promedio de 20 mil personas, considerándose de que es una zona de universidades y residencial. Los andenes que dispone son muy estrechos y no tiene un paso para bicicletas o bicicarriles, para un transporte amigable con el medio ambiente y saludable.

Para completar presenta agrietamientos y hundimientos. No dispone de un giro apropiado para los vehículos que entran del norte y necesiten girar hacia el centro de la ciudad, por la Universidad Mariana.

Pero hay otras obras que se han convertido en monumentos a la deshonra, como el llamado ‘puente del Chorizo’. Este esperpento es muy poco utilizado por la gente porque su diseño de rampas prolongadas desestimula su uso. Costó tres mil millones de pesos del erario público; de la plata que le aportamos al Estado en forma de impuestos o de pagos de sobretasas y predial. Y el señor Alvarado, que se hizo elegir dos veces alcalde, orondo como si nada, rascándose la barriga porque no se conoce investigación ni sanción alguna por esa chatarra que dejó instalando en plena avenida Panamericana.

Al respecto valga la pena decir que el diseño es disfuncional, no es posible que transiten por él discapacitados en sillas de ruedas. No sirve ni se ve la inversión de los 3 mil millones.

Y si por aquí llueve, por allá no escampa. La casona donde venía funcionando la Secretaría de Educación del municipio y el Concejo Municipal, en la carrera 26 con calle 18, amenaza ruina. Pero si hace cerca de 10 años fue refaccionada en su totalidad con la inversión de millonarios recursos. ¿Y ahora otra vez? En la actualidad está abandonada y sirve de pizarra para los grafiteros y de cartelera para los que la han forrado de papeles con carteles publicitarios. Produce mucha sospecha que tenga que invertirse nuevamente dinero en una cifra que se presupone es en miles de millones.

Otra obra mal hecha es las tribunas norte y sur del estadio Libertad, que en un principio se dijo que le daría una capacidad de 25 mil espectadores, pero no hay tal porque no alcanzan sino 18 mil. Además de que la gradería baja nadie la quiere ocupar porque no permite la visibilidad. Asimismo, las gradas no son técnicamente construidas, son muy estrechas y los aficionados al fútbol tenemos que vivir los apretujones. Y ni pensar que le vayan a colocar silletería porque no alcanza.

La próxima vez que se vaya a ejecutar una obra civil, es mejor que la hagan con ingenieros ecuatorianos, han demostrado honradez y cumplimiento con proyectos que verdaderamente se ajustan a las necesidades técnicas. Fijaron un presupuesto para la construcción del nuevo puente de Rumichaca, y con él lo hicieron. Se les fijó un plazo de 8 meses para entregar la obra, y lo cumplieron. ¿Por qué en Colombia no sucede lo mismo?

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