“Samaniego en la historia”

“La historia… debe estudiarse no como una totalidad ni como un proceso lineal, sino mediante el examen de algún suceso o etapa de su desarrollo…”, afirma Edgar Bastidas Urresty, fundamentado en las tesis de Jacobo Burkhardt  (Reflexiones sobre la historia universal) y con base en este fundamento desarrolla el hilo conductor de su obra Samaniego en la historia, publicada por la alcaldía de ese municipio nariñense (Gente nueva Editorial, Bogotá, 2007).

En esta “microhistoria”, como Bastidas Urresty define su aporte textual, construye una estampa de su población natal entretejiendo la realidad contada por testigos de los hechos, a veces; otras relatadas a segundas personas por testigos de primera mano ya fallecidos, generalmente los padres o familiares o amigos, y algunas poquísimas veces recurre a investigadores de academia. Todo lo intercala con el fondo temático de una novela de mediados del siglo XX (El Hombre que perdió sus ilusiones, de Emilio Bastidas, su padre) que es el recorrido de una tragedia amorosa que tiene como telón ambiental a la Samaniego y a la Bogotá de antes, durante y posterior al 9 de abril de 1948 y las implicaciones de esos tiempos convulsos para los habitantes de las lejanas latitudes del sur de la patria.

Samaniego en la historia toma aspectos fundamentales de la formación de una comunidad humana: su prehistoria, su fundación, el trabajo, la salud la educación, las fiestas, las riñas, etc. Y aunque todos los hechos testimoniados los toma de la realidad, quizá por temor, pudor o prudencia, el escritor muy pocas veces identifica con nombre y apellido a los personajes que son los protagonistas de algún hecho o anécdota que pinta a la población. A veces sólo describe las características del personaje o permite el solitario nombre de pila, como el interesante caso del Mayor Alejandro, militar retirado por rebeldía, asesinado más tarde cuando cumplía con las funciones de progresista alcalde municipal de su población. Curioso caso de un militar de procedencia, al parecer, de clase media, acostumbrados, por su formación, a obedecer y mandar siempre. Interesante también el caso del poeta (uno de los pocos con nombre y apellidos completos, además del de su padre, autor de la novela mencionada). El único poema transcrito en Samaniego en la historia tiene un aroma musical -y de burlesca y picaresca- que hace recordar a León de Greiff. Ojalá las nuevas autoridades municipales de la población reimprimieran el texto de 32 páginas impreso en Pasto en el pasado siglo, que es lo único que queda del bardo.

¿Qué podría buscar un escritor al tratar de reconstruir la microhistoria del mítico paraíso perdido de su infancia? ¿Qué podría pretender Edgar Bastidas Urresty –fundador y ex director de la Casa de la Cultura de Nariño, ex rector y ex profesor titular de la Universidad de Nariño, formador y apoyo de nuevos escritores nariñenses desde su Taller Awasca (Pasto), profesor de la maestría en literatura de la Universidad Javeriana (Bogotá)- al someterse a su Samaniego en la historia? Quizá espera que las nuevas generaciones de su población natal encuentren su norte asidos del conocimiento amoroso del pasado de su terruño.

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