Concurso Nacional “El amor en la poesía”

Fotografía: Miguel Garzón Guerrero

Como ya es habitual entre los colombianos, la Casa de Poesía Silva realiza anualmente un concurso de poesía relacionado con diferentes temáticas: éste año el evento girará en torno al Amor.

El concurso está abierto para que los colombianos, a partir de la fecha envíen sus poemas. La convocatoria cierra el próximo 12 de septiembre. El jurado compuesto por los poetas Giovanni Quessep, Eduardo Gómez y Carmen Millán, dará a conocer los ganadores el 23 de octubre de 2014 a las 6:30 de la tarde en la Casa de Poesía Silva.

 

BASES

 

El tema del Concurso es un poema de amor.  Podrán participar todos los colombianos mayores de edad.  Se entregarán cinco (5) premios de dos millones de pesos ($2.000.000).  Los concursantes deberán enviar un (1) poema inédito en español, suscrito con un seudónimo, mecanografiado o impreso a doble espacio y en tres (3) copias en sobre dirigido a la Casa de Poesía Silva, calle 12C # 3-41, Bogotá, Concurso El amor en la poesía.  En sobre cerrado, rotulado con el seudónimo, se enviarán el nombre del concursante, número de cédula de ciudadanía, teléfono, dirección domiciliaria y, opcionalmente, electrónica.  Los premios que no se hayan reclamado el 4 de noviembre de 2014, personalmente o por conducto de apoderado constituido ante notario, caducarán y serán adjudicados en su orden, a quienes el jurado distinga con mención.   No se devolverán los trabajos.

 

POEMAS DE AMOR

Canción del amor sincero

Prometo no amarte eternamente,

ni serte fiel hasta la muerte,

ni caminar tomados de la mano,

ni colmarte de rosas,

ni besarte apasionadamente siempre.

Juro que habrá tristezas,

habrá problemas y discusiones

y miraré a otras mujeres

vos mirarás a otros hombres

juro que no eres mi todo

ni mi cielo, ni mi única razón de vivir,

aunque te extraño a veces.

Prometo no desearte siempre

a veces me cansaré de tu sexo

vos te cansarás del mío

y tu cabello en algunas ocasiones

se hará fastidioso en mi cara

Juro que habrá momentos

en que sentiremos un odio mutuo,

desearemos terminar todo y

quizás lo terminaremos,

mas te digo que nos amaremos

construiremos, compartiremos.

¿Ahora si podrás creerme que te amo?

                                               Raúl Gómez Jattin (Colombia)

 

Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras

Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras

y ahora que no estás cada escalón es un vacío.

También así de breve fue nuestro largo viaje.

El mío aún continúa, mas ya no necesito

los trasbordos, los asientos reservados,

las trampas, los oprobios de quien cree

que lo que vemos es la realidad.

He bajado millones de escaleras dándote el brazo

y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos.

Contigo las bajé porque sabía que de ambos

las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas

eran las tuyas.

                                                (Eugenio Montale, Satura, Xenia II), Italia

 

****

 

Este amoroso tormento

Este amoroso tormento

que en mi corazón se ve,

se que lo siento y no se

la causa porque lo siento

Siento una grave agonía

por lograr un devaneo,

que empieza como deseo

y para en melancolía.

y cuando con mas terneza

mi infeliz estado lloro

se que estoy triste e ignoro

la causa de mi tristeza. “

Siento un anhelo tirano

por la ocasión a que aspiro,

y cuando cerca la miro

yo misma aparto la mano.

Porque si acaso se ofrece,

después de tanto desvelo

la desazona el recelo

o el susto la desvanece.

Y si alguna vez sin susto

consigo tal posesión

(cualquiera) leve ocasión

me malogra todo el gusto.

Siento mal del mismo bien

con receloso temor

y me obliga el mismo amor

tal vez a mostrar desdén.

              Sor Juana Inés de la Cruz -México

Te desnudas igual…

Te desnudas igual que si estuvieras sola

y de pronto descubres que estás conmigo.

¡Cómo te quiero entonces

entre las sábanas y el frío!

Te pones a flirtearme como a un desconocido

y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.

Pienso que soy tu esposo

y que me engañas conmigo.

¡Y como nos queremos entonces en la risa

de hallarnos solos en el amor prohibido!

(Después, cuando pasó, te tengo miedo

y siento un escalofrío.)

                                                                              Jaime Sabines – México

 

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,

lámparas y la línea de Durero,

las nueve cifras y el cambiante cero,

debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron

Persépolis y Roma y que una arena

sutil midió la suerte de la almena

que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira

de la epopeya y los pesados mares

que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.

Sólo tú eres. Tú, mi desventura

y mi ventura, inagotable y pura.

                                               Jorge Luis Borges – Argentina

 

Si tú y yo, Teresa mía, nunca…

Si tú y yo, Teresa mía, nunca

nos hubiéramos visto,

nos hubiéramos muerto sin saberlo:

no habríamos vivido.

Tu sabes que morirse, vida mía,

pero tienes sentido

de que vives en mí, y viva aguardas

que a ti torne yo vivo.

Por el amor supimos de la muerte;

por el amor supimos

que se muere; sabemos que se vive

cuando llega el morirnos.

Vivir es solamente, vida mía,

saber que se ha vivido,

es morirse a sabiendas dando gracias

a Dios de haber nacido.

Miguel de Unamuno – España

Tú, que nunca serás

Sábado fue, y capricho el beso dado,

capricho de varón, audaz y fino,

mas fue dulce el capricho masculino

a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo, si inclinado

sobre mis manos te sentí divino,

y me embriagué. Comprendo que este vino

no es para mí, mas juega y rueda el dado.

Yo soy esa mujer que vive alerta,

tú el tremendo varón que se despierta

en un torrente que se ensancha en río,

y más se encrespa mientras corre y poda.

Ah, me resisto, más me tiene toda,

tú, que nunca serás del todo mío.

                                   Alfonsina Storni   – Argentina

 

Rima XLIV

Como en un libro abierto

leo de tus pupilas en el fondo.

¿A qué fingir el labio

risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences

de confesar que me quisiste un poco.

¡Llora! Nadie nos mira.

Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.

                                                                       Gustavo Adolfo Bécquer

 

Escrito para ti, en tu nombre

Pudiera ser que un día

retornaras al tiempo,

cubierta por las flores

que recogiste en el perdido sueño.

 Pudiera ser también, Violeta,

siempre en el cántico nombrada,

que me dijeras de la blanca orilla

donde ahora es pasión y amor tu alma.

¿Me contarás en qué país nocturno

cantas para que el cielo se desvele,

o abra sus puertas al dolor del hada

que hila en tu corazón para la muerte?

Pudiera ser que recordaras

escrito para ti, en tu nombre,

aquel madrigal de la vida

que habla de un cuerpo entre las flores.

                                                  Giovanni Quessep – Colombia

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