De la protesta a la propuesta

Estamos ante un momento crucial por las novedades del Paro Nacional. Por una parte, tenemos la llegada de la CIDH al país, ante el pedido que hicieran políticos de oposición y líderes del paro por la evidente violación de los derechos humanos. Por otra, porque, resultado de la interpretación de las condiciones del país por el desabastecimiento de algunos productos de la industria y del campo, se ha decidido levantar la mayoría de los cierres a las vías: unos como resultado de la concertación entre protestantes y gobiernos regionales y otros por decisión unilateral.

En medio de este clima vienen los nuncios del Presidente de hacer algunas reformas al interior de la Policía, entre ellos se menciona incluir un componente en protección de derechos humanos, que sería independiente a la institución. Este anuncio lo hace el gobierno con el propósito de aclimatar las tensiones que se producen por la visita de la CIDH, como una manera de maquillar las violaciones de derechos humanos en el marco del Paro Nacional.

Pero hay un asunto central en el desarrollo del paro, el Gobierno no tiene voluntad de negociar. Primero nombró a Miguel Ceballos como consejero de paz, sabiéndose que a los pocos días iba a renunciar. Posteriormente se firmó un preacuerdo en Buenaventura, pero el Gobierno se niega a ratificarlo. Se ha pedido que se desbloqueen las vías, como condición para iniciar a dialogar, pero tampoco el Gobierno se digna a empezar a hacer las negociaciones con la arrogancia del señor Emilio Archila, nuevo consejero de paz. Esto llevó a que el Comité Nacional de Paro se levantara de la mesa como una actitud de protesta para que el Gobierno le ponga seriedad a los diálogos.

El trasfondo de este asunto es que el Centro Democrático quiere dilatar y dilatar hasta que la gente se canse del paro y empezar a culpar de la situación crítica del país a las protestas, disfrazando la crisis estructural ocasionada por los gobiernos neoliberales. Empezar a retirar a la Policía para que se generen conflictos entre la misma población. Esta desidia le puede durar meses al ‘Innombrable’, hasta que lleguen las elecciones. Mientras tanto, los paros continuarían de manera escalonada, produciendo un desgaste, y haciendo que algunos sectores se retiren del movimiento, buscando manejar la situación a su favor.

En el fondo de las cosas lo que quieren es no perder el poder, y van a buscar mantenerlo por encima de lo que sea. Se van a apoyar en medios de comunicación, con propaganda mentirosa, con desprestigio a los líderes del paro, diciendo que se ganan sumas millonarias de dinero, que se benefician con prebendas personales. Ellos, lo que pretenden es apagar el incendio arrojando gasolina, y el Comité Nacional de Paro debe dar mayor participación en el diálogo.

A pesar del gran desprestigio que tiene el presidente Iván Duque, van a buscar mantener el poder maquillando su imagen con mensajes para los más pobres y buscando confundir a la clase media. Ellos están dispuestos a todo, a continuar polarizando el país a cualquier precio. Van a continuar echándole la culpa de todo lo que ocurra en el país a Petro, a Nicolás Maduro, al Foro de Sao Paulo y a todo lo que ellos llaman ‘comunismo’.

Petro corre altísimo riesgo, puesto que es la figura visible de los sectores alternativos y ha logrado acaudalar la voluntad de millones de colombianos que están cansados de la política tradicional. El Centro Democrático buscará promocionar un candidato invisible bajo la égida del ‘Innombrable’, pero también presentarán otros candidatos que busquen debilitar a los sectores alternativos.

Sin embargo, en Latinoamérica se vienen presentando cambios que han permitido posicionar candidatos representativos de los sectores populares que permitan contrarrestar la corrupción como el mayor de los males que desacredita la función pública.

Las más recientes elecciones en el Perú nos demuestran el rechazo a la corrupción, por una parte, pero, por otra, la incidencia del sector financiero en la política, de ahí que Keiko Fujimori estuvo a punto de ganar las elecciones a pesar de su pasado oscuro por la huella criminal de su padre que está en prisión.

Frente a este estado de cosas, no es fácil un cambio de rumbo en Colombia, para ello hay que luchar muy a fondo, con espacios de diálogo, foros, lecturas que permitan un entendimiento. Ya tenemos bastante con un paro prologado. Solo un pueblo con una concepción, historia y filosofía puede, mayoritariamente, garantizar un compromiso verdadero con las causas populares, y no entregar su conciencia por un plato de lentejas. Necesitamos pasar de la protesta a la propuesta.

Necesitamos confrontar el engaño con la conciencia ciudadana. Nos debemos preparar para para la renovación del Congreso de la República con nuevas figuras comprometidas con los sectores populares. Es indispensable que se haga auditoría del software de la Registraduría para que el voto no se pierda y no ocurra que el ciudadano vote y la Registraduría elija. El voto debe ser una manifestación de cambio, pero también el voto es compromiso. El voto debe ser una exigencia a cumplir un programa. Pero si volvemos a lo mismo, habremos lanzado por la borda todo un esfuerzo representado en horas y horas de marchas en medio de agua y sol, muertes, desapariciones, heridos y mutilados en la humanidad de jóvenes que buscaban una luz de esperanza en este mar de indignidad.

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