Ricardo Palma en “Mis últimas tradiciones peruanas y Cachivachería” (1906), relata en “La última frase de Bolívar”, cómo poco antes de morir, le confesó al médico que lo atendía, Alejandro Próspero Reverend, que sentía que había edificado sobre arena movediza y arado en el mar, inquiriéndolo sobre si sospechaba quiénes habían sido los tres más insignes majaderos del mundo, respondiendo él mismo al oído del galeno francés: “Los tres grandísimos majaderos hemos sido Jesucristo, Don Quijote y…yo.” Quizá de ahí viene esa manía de compararse con el célebre personaje cervantino, caracterizado no solamente por su locura, sino por emprender actividades idealistas, casi que imposibles de alcanzar, no en vano el adjetivo quijotesco que determina a ciertos sujetos.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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