Análisis de Gabo a la poesía de Payán Archer

Desde hace pocos días, tuve el placer de recibir el libro Para conocer a García Márquez del escritor caldense José Miguel Álzate. La verdad, es que estoy digiriendo palabra por palabra, porque es uno de los mejores libros que sobre Gabo he leído. En 230 páginas, el periodista, cuentista, poeta y compositor nacido en Aranzazu, nos lleva a través de cuarenta años de investigación y estudio, a conocer en realidad la vida y obra del mejor escritor colombiano.                                                                                                                                        Con asombro, encontré en la página 48, que José Miguel Alzate escribe de manera textual lo siguiente: “La preocupación de Gabriel García Márquez por la poesía como herramienta para mejorar el estilo literario se revela en el libro Un ramo de nomeolvides de Gustavo Arango. En la página 156, Arango hace mención a su interés por la poesía de los autores piedracelistas. En efecto, el 8 de diciembre de 1948, en la sección Comentarios, del periódico El Universal, aparece una nota firmada con las iniciales G.G.M. donde se hace un excelente análisis sobre el libro de poesía Noche que sufre, escrito por Guillermo Payán Archer. García Márquez aprovecha la publicación de este libro para emitir conceptos sobre la obra tanto de Eduardo Carranza como de Jorge Rojas.

Este párrafo del artículo en mención, hace claridad al respecto:» Los sonetos de Guillermo Payán Archer siguen un fatigante paralelismo con los sonetos conocidos de los piedracelistas y algunos de ellos llegan a ser visiblemente calcados de los que recogiera Jorge Rojas en su maravilloso Rosa de agua. Pero a Rojas lo salva esa levadura clásica, esa nobleza con que responde a sus necesidades estéticas. Payán Archer en cambio, se somete al rigor del soneto y se deja vencer por la densidad retórica «.

Llevado por el asombro, acudí al libro de sonetos Noche que sufre del apreciado poeta tumaqueño, publicado en 1948, antes de viajar hacia Estados Unidos. El libro comienza con el soneto He vivido en el que Payán Archer nos muestra una conexión lógica de antecedentes con la vida, y consecuente con su perfil hedonista:

Yo fui el juglar, el loco, el vagabundo, el hedonista, el fáustico, el poeta.

En mi alma ardía una alegría secreta, y en hallar mi alegría, hice el mundo…

Ebrio de mi alegría, no he sabido, si erré mi sino o coincidí un instante.

¡Sólo sé que he vivido, que he vivido!

Yo, Oscar Seidel, no soy poeta, ni acometo versos y sonetos, pero sigo asombrado con el análisis de Gabo. No encuentro retórica densa a los sonetos de Payán Archer, que como ser humano que fue, amó y sufrió en esta vida de contingencias y avatares. Payán Archer no perteneció a ninguna escuela literaria. Incansablemente buscó el camino que lo condujera a sí mismo. En sus versos no hay rastros de García Lorca, de Pablo Neruda, de piedracielismo o surrealismo. Yo, sólo veo en ellos el rumor sinfónico de las aguas del Pacífico Sur; el cielo de Tumaco; el indómito destino; el vaivén de las sirenas, y como dice él mismo en el soneto

He vivido: “Yo fui el juglar, el trashumante, el ángel, el demonio, el perseguido de mi carne, el vidente, el delirante…” Guillermo Payán, sonetista magistral, escribió en Noche que sufre, otros sonetos:

Imágenes

Dulce sirena que a la luz naciente

Del sol, emerges de la mar salada.

Como una flor de espuma, iluminada

Por una leve aureola transparente.

La brisa pasa y juega por tu frente

Y en tus cabellos… y una enamorada

Ola marina, te aprisiona en cada

Giro de su calor, alegremente.

Y ebria de gozo y en la miel del gozo

Te embriagas, delirante, en un lejano

Cantar, entre dormido y cadencioso.

Y en la cálida luz del meridiano,

Se acerca el mar…lebrel en el reposo…

¡Para lamer sus sales en tu mano!

Otros analistas dicen que, Payan Archer perteneció al grupo literario denominado Los Cuadernicolas, nombre que se atribuyó en 1949 a un grupo de poetas colombianos, junto con Fernando Charry Lara, Álvaro Mutis, Jorge Gaitán Durán, Rogelio Echavarría, Maruja Vieira, entre otros, que publicaron y establecieron un punto de diálogo alrededor del cántico. Dentro de los temas tratados se destacan el mar, la naturaleza, el sueño y la soledad.

Jorge Gaitán Durán acogió el nombre de Cuadernícolas en la Antología de la Poesía Colombiana1​ que publicó en 1949. Seis años más tarde fundó la revista Mito, a la cual invitó a colaborar a quienes después llamaría «grupo de Mito».

Según Eduardo Carranza, estos escritores se caracterizaban por su seriedad mental, por su estudioso rigor y su dignidad literaria, alejándose de la inmediatez de la inspiración en la composición de la poesía.

Más adelante, en la página 62, el escritor José Miguel Alzate narra que: “Otra cosa importante del período de Cartagena es que Clemente Manuel Zabala logra sacar a García Márquez de los devaneos piedracelistas que traía de Zipaquirá. Eso sí, enseñándole que hay que mantener el “hálito poético” en la prosa periodística”, llenándola con frases de eficacia narrativa, conservando un ritmo sostenido que torne alegre la lectura. Este regreso a la tierra de sus ancestros fue que le abrió nuevas ventanas para formarse como escritor”.

Con la explicación anterior, doy por terminado mi asombro. Respeto mucho el análisis que hizo Gabriel García Márquez del libro Noche que sufre de Guillermo Payan Archer, pero no estoy de acuerdo.

En relación al libro Para conocer a García Márquez, de mi amigo José Miguel Alzate, solo me queda felicitarlo, y que siga haciendo gala del título bien merecido como “El caldense que mayor conocimiento tiene de la obra de Gabo”.

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