El poder de las palabras.

Cuida tus palabras y ellas se encargarán de ti. Las palabras no solo generan vínculo con nuestros congéneres; las palabras crean caminos que nos permiten ampliar nuestros horizontes y despertar el sentido de autonomía. La construcción de puentes lingüísticos es un imperativo en los mensajes que transmitimos en la cotidianidad. Debemos elegir palabras para tener autonomía.

El empleo de un lenguaje positivo permite construir la personalidad de quien es el destinatario de nuestras palabras, porque crea el impulso de un propósito; es como un presente que le hacemos al otro y que este nos devuelve con creces. Las palabras positivas activan la vida. El lenguaje es como disparar un proyectil, pero cada cual determina el tipo de proyectiles que emplea. En el caso del lenguaje positivo estamos disparando copos de algodón que nos causan diversión.

Por su parte, en el empleo del lenguaje negativo, lo que hacemos es comprimir las relaciones y poner en alerta a quien comparte nuestros entornos. En el caso de la convivencia en los espacios pedagógicos es muy frecuente que se creen muros que separan al docente con el estudiante por el permanente uso de palabras que menos precian las capacidades. Es recurrente que en los establecimientos educativos se acostumbre a recordar lo negativo del ser olvidando las potencialidades.

En los espacios pedagógicos se acostumbra a recordar los deberes pero no lo los derechos, y se complementa, hablando de manera intimidatoria, que si no hay cumplimiento del deber serán acreedores a un traslado o una expulsión. Ese es el poder que pretenden alcanzar quienes se inclinan por el leguaje negativo o no logran verbalizar unas relaciones armoniosas. Las palabras negativas reducen el campo de visión del mundo, despiertan la ira, el miedo, el enfado, el asco, la alegría.

El cerebro es como un abanico que hay necesidad de abrirlo para cumplir su función. El abanico abierto impulsará el aire fresco, que es su razón de ser. Un abanico cerrado es inoficioso. Y esto es precisamente lo que ocurre con el lenguaje: con el lenguaje positivo desplegamos todo lo que permanecía comprimido, dándole paso al color y la acción, lo que genera una gran motivación.

Si el abanico permanece cerrado estará negado a su uso particular, y por lo tanto, estará comprimido, sin posibilidades de entrar en acción y, a veces, ignorado. Esta es la manera que a veces inconsciente anulamos a las personas por el solo deseo vanidoso de establecer poder sin el empleo de maneras inteligentes de construir puentes.

Por eso el leguaje, legítimamente, debe construir relaciones entre pares. Las palabras positivas son el alma de la inspiración. Si llegamos a un lugar estresados o agobiados no vamos a generar la suficiente motivación para permitir encaminar el diálogo y entendimiento.

Para ello tenemos que ser conscientes de la escogencia de las palabras, regular el lenguaje, tener autonomía en la expresión, habilidades argumentativas y competencias. Esto nos permitiría ser equilibrados en el lenguaje sin necesidad de acudir al fusilamiento. La admiración se construye con el adecuado empleo del lenguaje sin menospreciar al para ganarse el respeto y que no le tengan miedo.

Una dosis de buen humor no le resta a nadie, al contrario, permite establecer vínculos de admiración y confianza. Para manifestar el humor se requiere un poco de talento y buen dominio del tema que se está trabajando.

El lenguaje apropiado debe alejarse de las relaciones diametrales de poder. Las palabras pueden crear vínculos fraternales y hasta salvar vidas.

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