Los trancones

17 visitas

Compartir artículo en:

Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
¿Qué factores inciden en un trancón? El portal de la empresa de productos de seguridad vial Wuhan Jackwin dice que hay 16 factores que se entrelazan. Pero voy a citar sólo los que competen a Pasto ciudad:
1. Un deficiente sistema de transporte público. 2. Un cuello de botella en una zona donde las vías se estrechan. 3. Condiciones climáticas que pueden afectar tu rutina de tránsito. 4. Malos hábitos de conducción (comer, fumar, cambiar de carril…). 5. Baches en el camino. 6. Zonas de construcción. 7. Simulación de atasco de tráfico fantasma (cuando una persona reduce la velocidad y el tráfico que va detrás también la sigue). 8. Mala infraestructura vial. 9. Accidentes. 10. Falta de desvíos adecuados. 11. Las horas pico con salidas y entradas de colegios y sitios de trabajo. 12. Superpoblación. 13. Bombas de gasolina ubicadas en lugares inadecuados.
Lo anterior tiene un efecto sobre el comportamiento de las personas, que se vuelven más agresivas e intolerantes, aumentando las dificultades de tránsito. El psicólogo Pablo Fernández-Berrocal argumenta que la gente ignora que es agresiva cuando conduce, porque “la ira reduce al 30% la capacidad de reacción”. O sea, es más proclive a un accidente. La pregunta es: ¿enseñan esto en las escuelas de conducción?, ¿le hablan de esto los padres a los hijos cuando les sueltan el volante? Lo dudo. Pero, como dice Fernández-Berrocal: “Tenemos que introducir la educación de las emociones en el sistema educativo lo antes posible”.
Ese es el factor humano, pero luego está el factor vehicular. Pasto es una ciudad en constante crecimiento a pesar de lo limitado del Valle de Atriz. Los barrios del gran centro sólo pueden crecer hacia arriba con más y más edificios, en tanto que los barrios periféricos van ampliando las comunas, llenando cada zona verde con mayor rapidez. Pero el comercio y los sistemas financieros, hospitalarios, educativos y demás, siguen en el centro, lo que causa un embudo vial.
Por esa razón y por el factor económico, las motos se han popularizado tanto y hoy son dueñas de las calles. El mototaxismo ya no es solamente una fuente de ingresos, sino un sistema de vida. Cuando se le dio manga ancha a su existencia, la alcaldía de turno no se dio cuenta que había creado un Frankenstein por una razón elemental: aunque ocupan menos espacio que un carro, a más motos hay más vehículos de motor en las calles.
Como la gestión del parque vehicular ha fracasado, ahora la ciudad se ve en la obligación de implementar nuevas estrategias para controlar la sobrepoblación de motos. Entre estas, la ley de Zonas de Bajas Emisiones, luego medidas de seguridad, y más restricciones en los lugares de tránsito (centro) y en las licencias de conducir. Todo esto deriva en multas, pero no parece haber más remedio.
Aquí la pregunta es: ¿cómo han hecho las ciudades con más motos en el mundo para controlar el problema? ¿No deberían venir los expertos de esas ciudades a Pasto y brindar una asesoría? Esas ciudades son Bangkok (4 millones de motos para 5 millones de habitantes), Ho Chi Minh (7 millones de motos para 8 m/h), São Paulo (9,5 millones de motos para 11 m/h) y Yakarta (17 millones de motos para 40 m/h).
Hace unos años conversaba de este tema con una persona que me regañaba: “¿pero en qué mundo vives? Si la culpa es solamente del alcalde”. Normal. Lo politizamos todo, y ese “echar la culpa” también contribuye a la congestión crónica, porque nadie aporta una solución concreta y se espera que el siguiente mandatario lo solucione.
Es un problema muy colombiano. En estos días salió a la luz el balance anual de TomTom Traffic Index, que analiza el tráfico en el mundo y mira justamente la relación vehículo-población. La pregunta de TomTom fue sencilla: ¿cuántas horas pierde una persona en un tranco al año?
La peor ciudad en ese sentido es Lima, donde las personas perdieron 195 horas al año por estar en trancones. Una semana tiene 168 horas, así que hagan cuentas. Le sigue Ciudad de México con 184 horas anuales perdidas. Y fíjense, entre las diez ciudades con más hora de trancón hay cinco ciudades colombianas: Barranquilla, Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena, en ese orden.
Pasto no está revisado este año, según TomTom, pero nos podemos imaginar que no anda excesivamente lejos. Sin embargo, hace unos años INRIX Global Traffic Scorecard sí que lo hizo. INRIX es una empresa especializada en análisis estadístico de transporte y estableció el escalafón de las ciudades más congestionadas del mundo. Pasto estaba en el puesto 52 entre 1.360 ciudades.
Según INRIX antes de la pandemia los pastusos pasábamos 47 horas al año en trancones, lo que casi equivale a una semana laboral. Haya subido o bajado esta cifra, es lo mismo. Nos movemos con parámetros delicados. Un trancón no es algo baladí. Imagínense un enfermo grave en ambulancia, subiendo por la Avenida Boyacá hasta Santiago, un viernes al mediodía.
El resumen es que la congestión crónica hace que la ciudad sea como una persona enferma: cualquier factor externo lo agrava. Una manifestación deriva en caos, un desfile deriva en caos, los carnavales derivan en caos. Y a eso se suma la falta de información que se le da sobre actividades ocasionales a la ciudadanía.
Hay un factor adicional y es el económico, que se conoce como ralentí. Eso es el consumo de gasolina estando detenido con el motor en marcha. Cuando hay constantes paradas y arranques, el consumo de combustible aumenta entre 90% y 175%. Con los precios por las nubes no es de extrañar que dejemos en la conducción un buen porcentaje del salario.
Tatiana Moreno, periodista de El Tiempo, muestra en un análisis del índice TomTom, que el tiempo promedio que una persona tarda en un trayecto de 10 kilómetros en la ciudad de Bogotá es de 31 minutos y 45 segundos, que esta cantidad de tiempo ha crecido en casi dos minutos más que el año anterior.
Hay todavía mucha distancia entre Bogotá y Pasto como para que sean ciudades comparables en este terreno tan delicado, pero mal haríamos en no ver ejemplos de caos de movilidad tan cercanos. Un replanteamiento de la movilidad analizada desde todos los factores, parece ser la solución, más que paños de agua tibia para aliviar cada caso puntual de congestión.
El problema es que eso necesitaría un mayor presupuesto estatal y por el momento eso está muy lejos de concederse… o de solicitarse.

Comentarios de Facebook

SOBRE EL AUTOR

Compartir en:

NOTICIAS RECIENTES

ARTÍCULOS RELACIONADOS