Petro el escamoso

Por: Omar Raúl Martínez Guerra

(NOTICIAS UNO DICE QUE NO PUBLICO ESTO)

Si en la Grecia de Platón hubiera existido el celular, cabría imaginarse que en sus grupos de Wasap tendría uno al menos dedicado a chatear con su familia, y otro, a hacerlo con sus amigos pensadores de la polis. En el primer caso, en el hogar, aplicaría el pacto de no hablar nada de religión ni de política, (no de fútbol, porque este aún no se había inventado) so pena de causar disgustos, convertibles en divisiones irreconciliables entre hermanos o primos, tías, tíos, cuñados y abuelos. Con consecuencias extremas como dejar de hablarse de por vida.

En el segundo caso, un hombre como Platón seguramente chatearía muy de madrugada con su maestro Sócrates.  Nada quita pensar que, viviendo la placidez de los 400 años antes de Cristo, empezaría el cruce de mensajes, aludiendo a la construcción del llamado “método socrático”, o mayéutica, como técnica para dar a luz o parir conocimientos.

Platón:

– “Hola maestro, sigo en mis reprensiones de cuanto hemos cavilado sobre la esencia de la pregunta en el diálogo para el encuentro con la verdad”

Sócrates:

– “Mi buen discípulo Pla, en cuanto a mí se trata, estoy más que persuadido, que entender una pregunta es tener ya media respuesta.

Platón

– “A no dudarlo, maestro: será cosa de necios e ignorantes negar que la llave de la sapiencia está en la capacidad de las preguntas”-

En estos ejemplos, no habría nada propiamente distinto ni espectacular. Y seguramente también estarían presentes las frases, los mensajes y todas las formas de fake news, o noticias falsas. Estas han existido en toda la historia universal. Recuérdese justamente que Sócrates fue acusado por un tribunal, de corrupción a la juventud, encarcelado y condenado a morir bebiendo la cicuta. Buena parte de las aseveraciones pasaron como hechos ciertos en la memoria universal, agravados en que, si acudimos a las pretensiones ególatras de la razón, nunca sabremos quien dijo o dice la verdad. La historia nacional es pletórica en ejemplos. En nota del año pasado veíamos como la gente, en el caso del suroccidente colombiano, tiene versiones completamente contrapuestas del prócer Antonio Nariño. Muchas más existen sobre Simón Bolívar, para unos el eximio libertador, para otros el sanguinario dictador. Esa es la constante en la humanidad y nadie se salva, ni la sagrada vida del mismo Jesús.

En “Los misterios del cristianismo”, de Steven Borgerhoff y Kristof Lamberigts, muchos de los grandes hechos son enigmas, que nadie nos va a resolver. Las opuestas interpretaciones de hechos son objetos de visiones encontradas. En el capítulo sobre los Manuscritos del Mar Muerto, verbigracia, queda en entredicho lo que constituye un suceso político, nada menos que el rol de Jesús durante su vida pública. Mientras el Nuevo Testamento sostiene la versión ortodoxa de Jesús que entregó su vida en una cruz como un mensaje de mansedumbre y sacrificio para redimir los pecados de la humanidad, algunos de los científicos que estudiaron los pergaminos encontrados por un joven pastor en los alrededores del mar Muerto, en 1947, dicen lo contrario. “Jesús, ¿un rebelde o un salvador?” Es decir, que Jesús fue condenado a muerte como un líder revolucionario que luchó en contra del sistema. Una versión diferente a la del Apóstol Pablo. Entre el extraordinario hombre que se entregó voluntariamente y el extraordinario hombre que se opuso, está la diferencia, y esta ya es infinitamente  significativa.

En todos los casos, el exaltado pueblo judío exigió con total fiereza condenar a morir crucificado a Jesús, el Salvador, y liberar a Barrabás, el bandido. Cuando la humanidad detecto el error, ya era muy tarde.

Pero existe también la versión existencialista de Albert Camus, de quien se dice sostuvo la idea de que Jesús tomó la decisión de morir en la Cruz, atormentado por el sentimiento de culpa derivado del saber que Herodes mató a cientos de niños, buscando éste asegurarse que entre ellos estaría Jesús, quien no soportaría el dolor del criminal suceso, acogiendo la crucifixión como manera de calmar su dolor, siendo absolutamente inocente. (Camus o rebelión y libertad, Joseph Majahult). Toda una teoría contrapuesta.

En fin, los entredichos de la historia griega o de la vida sagrada de Jesús se cuelan en este escrito simple y llanamente como un ejemplo al extremo ilustrativo y nada más. La historia pagana y mundana de la política es cosa aparte. La cuestión está en la capacidad de tergiversar los hechos, desde los tiempos más remotos.

La doctrina majestuosa de Aristóteles sobre la Política como el arte de gobernar un pueblo, para volver sobre los sabios griegos, solo se vive ya en las cátedras de filosofía, en la universidad. Es posible que uno que otro político colombiano sobreviva ocasionalmente a ellas. Pero lo extremadamente probable es lo contrario, no tienen idea del arte de gobernar el pueblo, ni interés tampoco, en cambio que son versados en un definido mundo de prácticas a la que le llaman “hacer política”, en lo que sobresale el clientelismo o pago de favores a sus partidarios mediante nombramientos y contratos como la actividad central, dejando las sobras financieras para atender el mejoramiento de servicios, la infraestructura y uno que otro asunto menor de la gobernanza.

Y parte de ese “hacer política” corresponde con el uso de la mentira, el chisme, la calumnia, la patraña. Hoy en día, el engaño a la gente no consiste solamente en prometer para incumplir, sino en mentir para ganar. Fácilmente se tergiversan los hechos, se magnifican, se exageran o se caricaturizan.  En resumen, se falsea.  Cuando aún no llegaba la televisión a Colombia, se divulgaba indistintamente en los púlpitos y las parroquias, las calles, las cantinas y las escuelas, el miedo hacia los liberales, que, dicho por los conservadores, eran seres corrompidos, mujeriegos, sacrílegos, amigos de satán, ateos y comunistas.

  Esta falsa idea se constituía en el principio conceptual de una plataforma doctrinaria a toda prueba, que permitía que buena parte de los colombianos, se volvieran defensores del partido conservador, no exactamente porque conocieran sus ideas sino porque los gamonales del partido los convencían hablando mal de sus contrarios, al tiempo que repartían dinero, aguardiente y promesas.  Nada que les permitiera, ni por un día, olvidar la miseria en la que subsistían. No mucho ha cambiado.  Hoy sigue siendo difícil distinguir entre unos y otros. Qué es lo que quieren conservar los unos y que es lo que quieren liberar los otros sigue siendo un misterio nacional.

Ahora, con las avanzadas tecnologías de la informática y la comunicación, la manipulación de conciencias se facilita más sin cambiar la esencia.  Está muy fresca en la memoria el año en que nos aseguraron que un Acuerdo de Paz con la guerrilla de las FARC dejaría al país en manos de depravados, ateos, castrochavistas y comunistas que se apropiarían de las viviendas y sus cachivaches. Muchos se lo creyeron y optaron por el no a la paz, aun sin tener vivienda.

A la hora de la verdad, una mayoría de los partidos tradicionales-liberal y conservador-, sus respectivas variantes y hasta nuevos o alternativos, se han valido de la difamación, al tiempo que aprovechan el poder para saquear las arcas del erario. Para robarse los recursos del Estado

 Pero si hay un opositor a ese mundo bajo,  de quien se ha adulterado su verdadera identidad es la del señor Gustavo Petro, al punto de reconocer, vaya ironía, que todo ataque contra él se transforma en un apoyo a su favor. Este es un fenómeno curioso pero explicable, porque es tal la saturación de noticias falsas, que ya hay más gente inclinada a creer en lo contrario de lo que se dice. Si a usted le piden que “entre para adentro”, mejor piénselo primero: de pronto no es un pleonasmo sino una trampa. Ello, atenidos a que las redes sociales reemplazaron el voz a voz, el corrillo y el murmullo provinciano de los tiempos de las guerras de chulos y chulavitas de los años cuarenta y cincuenta, porque hoy la gente se informa, se forma o se deforma en tiempo real, como ya lo hemos dicho. A Petro le niegan competencia, idoneidad, probidad. A cambio le endilgan defectos y lo arropan  con los miedos.

Petro es el nombre arameo de Pedro, que, según la Biblia, significa piedra, roca o “firme como una roca”. Tener voluntad pétrea es tener “una voluntad fuerte como la roca”. En Google se consiguen todas las definiciones que se quieran. Una de esas dice, literalmente que… “se llaman Pedro las personas muy consistentes y perseverantes, que no necesitan depender de nadie más para ser felices, ni le temen al trabajo duro. Jamás se dan por vencidos cuando se trata de conseguir sus objetivos, ni temen mostrarse ante los demás tal y como son”.

Habrán razones para no hacer de Gustavo Petro el dios salvador ante quien rendir pleitesía y adoración enfermiza. Petro no requiere de corifeos, alzafuelles ni saca micas, aunque los haya, y bastantes.  Petro ha sido un hombre rebelde contra un Estado decadente, desigual, injusto, gobernado, durante siglos, por las mismas familias dueñas imperecederas del poder en Colombia. Pero como es natural en política, su rebeldía lo ha enemistado con ellas, que tienen sus mejores aliados en los grandes medios de comunicación y de la producción , en donde se nutre el hombre común, el hombre de la calle.

Más allá de eso, está la historia, escrita, documentada y verificada, que muestra la trayectoria de un ciudadano estudioso, honesto  y disciplinado, cuyo sueño ha sido transformar por las vías civiles y democráticas las condiciones que han perpetuado el triste lugar que ocupa Colombia como uno de los países más desiguales en el mundo entero. Hombre del común, vecina de la calle: ¿encuentra algo malo en ello?

Se escucha que Petro es antipático y arrogante. Que es muy individualista y es malo para trabajar en equipo. Temen que se vuelva un dictador.  Que usa zapatos costosos.  Sobra recordar que le decían castro chavista, y ahora pro ruso y admirador de Putin. Que prohibirá la propiedad privada. En el sumo del mayor delirio, que expropiará tiendas y viviendas, del estrato 3 para arriba.  Que acabará con los sistemas de salud y de pensiones.

 Por lo demás, se le desconocen absolutamente las ejecuciones logradas en su gestión como alcalde de Bogotá, desempeñada en medio de la oposición más feroz de los partidos, los organismos de control, muchos empresarios y por supuesto los monopolios de la prensa, la radio y la televisión. Se han ignorado adrede los alcances de una política económica y social que indiscutiblemente favoreció a los sectores más desprotegidos de la ciudad capital, soportado en datos que no han podido ser refutados. Por lo demás, la Corte Suprema de Justicia ha declarado la inocencia de Petro de todos los cargos en su contra.

Que Petro no se muestre simpático o empático no es exactamente un delito. Como persona, como ser humano y como político, no es en absoluto perfecto. Imposible serlo. Personalmente, discrepo de cosas como la construcción del tren de Buenaventura a Barranquilla, o de su enredada propuesta de perdón carcelaria. Inverosímil la recomendación de que se reciba la plata del que compra votos, pero no votar por el que compra. Y otras tantas.

Pero en su lugar , es el único programa que propone cambios en los campos intocables de la igualdad social; de la justicia social;  de la lucha contra el hambre de millones de compatriotas; de la batalla contra la galopante  corrupción y el saqueo al Estado; de cumplir el pacto mundial por cambiar en 12 años  la dependencia de la economía extractiva del petróleo y el carbón  y enfrentar sin titubeos la amenaza ambiental sobre el planeta, sin lo cual, la vida de los niños y las niñas del ahora y del futuro y todas las especies estaría enfrentada al calentamiento global y sus temibles consecuencias. O el proyecto de reemplazar el cultivo de la coca con la sustitución por cultivos tradicionales; de la revitalización del agro, la reforma agraria y la esperanza de construir una verdadera economía de autoabastecimiento y exportación, De iniciar con los acuerdos de paz con el ELN, que le pongan fin a la infamia de la guerra con aquellos que persisten en ella.  De abrir las fronteras con Venezuela. De financiar la educación pública (como ocurre en países de la región  como Argentina, Chile o Uruguay). ¡Tantas cosas buenas por hacer en este país, si dejaran hacerlas!

Petro propone mientras sus oponentes se indisponen. Allí se ha radicado el centro del debate presidencial.

Me quedo con el concepto dado por el influencer Beto Coral, “Para mí, Petro es un buen ciudadano”. Petro el escamoso. Es decir, que sabe de todo o que se las sabe todas. El colombianismo es muy variado, pero en el Nariño coloquial y en la jerga pastusa se le aplica a un hombre “metelón”, que sobresale entre todos, que despierta admiración o envidia, en fin. Nunca desapercibido. Que lidera, mueve, promueve y, por lo mismo, genera asombro, aunque también suspicacia y rechazo. ¿porque no? Es humano, no hay ser perfecto, como  si hay seres mejores en el planeta. Levanta escama, al punto de atacarlo con un “Cualquiera, menos Petro”, – el mensaje más rastrero del que sea capaz un colombiano-. Del mismo tono rufianesco con los que se han dirigido a esa mujer excepcional, Francia Márquez, su candidata a la Vicepresidencia.

Pero después de tanto señorito y muy escasas excepciones que han desfilado en 200 años de historia republicana sobre la pasarela del Palacio Presidencial, un escamoso no podría estar nada mal.  Más allá de un nombre, Colombia merece mejor suerte Es lo menos lo que podemos desear unos y otros, por el bien común. Mejores condiciones de vida para todos, más seguridad y paz,  menos miedo, menos hambre y  menos odio.  Confieso mi simpatía a la posibilidad de vivir un cambio a sobrevivir a más de lo mismo, por otros cuatro interminables años. No puede haber, definitivamente, un mal que dure cien años, ni tampoco nación alguna que lo resista. ¿o sí?

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