Aguardiente Galeras.

La Industria Licorera de Nariño nació en marzo de 1950 gracias a una decisión gubernamental y al decreto 00879 que regía la Administración de Rentas Departamentales. Las primeras oficinas en Pasto funcionaban en la 22 con 22 y en los años 50 se elaboraba Anisado Extrafino y Ron Pasto. Para 1963, cuando se empezó a construir la planta de embotellamiento camino de Cabrera, la empresa vendía alcoholes, anises, mistelas, rones, cremas, Bay-Rum, pomas turísticas y souvenirs. El último cuarto de Siglo XX fue el boom de la Industria y de su producto estrella, el Aguardiente Galeras.

Pero en el año 2000, tras una serie de malas decisiones en medio de una creciente politización administrativa, se destapó el escándalo del Consorcio Galeras (Licorera, La Cigarra y Metálicas Modernas). La Fiscalía lo investigó, la gerente fue a prisión, un millonario contrato de comercialización fue demandado, y la empresa entró en liquidación. En 2002 Aguardiente Galeras dejó de fabricarse.

Fue muy triste, aunque se veía venir. Los funcionarios llevaban tiempo celebrando fiestas sin límite y ufanándose de sus robos al interior de la Licorera. Había un despilfarro a granel y eso afectaba no sólo a la economía departamental, sino a la imagen de Pasto, porque la marca se había convertido en un símbolo regional. Además, todos los pastusos que vivíamos fuera nos sentíamos orgullosos del aguardiente con menos anís de Colombia.

Ahora, según la Secretaria de Hacienda Departamental, Viviana Milena Solarte, y Mauricio Vélez, Gerente de la Industria Licorera de Caldas, el Aguardiente Galeras volverá. “Estamos trabajando en eso y esperamos que ojalá se pueda dar muy pronto… la receta original permanece intacta en la mente de sus creadores”, fue lo que dijeron justo en el momento en que se cuestionaba a ambos por el cambio de sabor en el Aguardiente Nariño durante diciembre pasado.

Y es que el Aguardiente Nariño reemplazó al Aguardiente Galeras, pero nada fue igual al pasado. Este, en sus dos versiones de etiqueta negra y azul, siempre se ha visto como algo ajeno a Nariño aunque no se comercialice fuera del departamento. El alcohol caldense es diferente del valluno con que se elaboraba hace medio siglo debido a la proporción de cereales; y las cantidades de anís y azúcar han variado. Tiene nuestro nombre, pero no sabe igual.

Es un signo de la bonanza de las grandes empresas. Colombia llegó a tener 19 industrias licoreras departamentales, pero ahora sólo hay seis de ellas (Antioquia, Caldas, Cundinamarca, Cauca, Valle y Boyacá); que son las que maquilan los licores espirituosos de los otros departamentos.

Pero también es un signo de lo complicado que es mantener vivo un producto complejo de producir artesanalmente. El alcohol de un aguardiente es neutro, lo que evita una alta variación en el sabor. Es un carácter de origen que no tienen otros licores como el ron, por ejemplo, que puede tener muchos matices y variedades tratadas en su mezcla y añejamiento. Además, la legislación es muy estricta al respecto. Aunque existan alambiques caseros en Ricaurte y alrededores, no son legales y son peligrosos.

Colombia está en el puesto 25 entre las naciones que más consumen bebidas con alcohol destilado en el mundo, y en el 98 entre los países que más beben en general, incluyendo cerveza y vino. Según la Organización Mundial de la Salud, en el país se beben 6,2 litros de licor con base en alcohol al año. Estamos lejos de las cifras de consumo de casi todos los países europeos, especialmente de los de la Europa del Este.

Sin embargo, en Colombia se bebe hasta el límite. No hay aperitivo o digestivo que valga, todo va al extremo. Lo que los países mediterráneos hacen con el vino (acabarse la botella), Colombia lo hace con el aguardiente. Y en esta clasificación Nariño es uno de los departamentos más consumidores. Siempre lo ha sido, y a pesar del confinamiento, el altísimo nivel de consumo se ha mantenido en el último año.

¿A que nos lleva todo esto? Pues a un bonito recuerdo si es que “el galeritas” vuelve, pero también a la oportunidad de reconstruir cosas que se perdieron en aquellos tiempos de despilfarro y desfalco. Los licores son parte de la cultura de las regiones, responden a su clima y hábitos. El aguardiente deberíamos fabricarlo nosotros, pero ya que no se puede por ahora, hay que exportarlo y ponerlo al alcance de todo el mundo. Es un nariñense más.

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