Autores Nariñenses. En busca de la semilla, novela de Oscar Seidel

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En “Viaje a la semilla “, Alejo Carpentier trata de subvertir el orden establecido mediante la metáfora de un sujeto que viaja hacia el pasado, hasta el punto de regresar a la matriz, quizá un recurso para desandar la historia que se ha narrado desde el oficialismo y que ha permitido, entre otras cosas, sustentar imaginarios que llegan a darse por válidos.

Sin pretenderlo, fue eso lo que se buscó inicialmente en la novela de Seidel. Lo que ahí se narra es la pretensión de un profesor pensionado, que cree que por sus venas corre la sangre castellana y quien busca escribir la mejor novela del mundo, para lo cual acude a su esposa, quien fue bibliotecaria, quien le suministra documentos para tal fin. El objeto de la novela no es otro que narrar la conquista del Perú, emprendida desde la Isla del Gallo por Francisco Pizarro.

Acostumbrados en Seidel a una prosa de ficción donde la economía del lenguaje enriquece el texto, la novela pareciera enredarse en la narración misma, ya que las historias que ahí asoman parecen no determinarse con el hilo conductor de la historia que se está narrando. La confluencia de la historia del profesor, la de Pizarro, incluso la de los hijos del profesor en España, pudieron enmarcarse dentro de un contexto que permitieran realmente buscar ese origen, la semilla como pretexto, que se inicia en el siglo XVI con la llegada de los europeos al Pacífico colombiano, escenario de los hechos.

Esa confluencia se pierde en un método que aleja al lector de lo que debería ser una novela histórica, como es el uso constante de citas, muchas de ellas extensas, y referencias de otros autores, a tal punto que la lectura en un punto pareciera abordar textos de historia, inclusive de historiadores que hacen sus interpretaciones sobre diferentes tópicos, como es el tema del mestizaje en América.

Conociendo la síntesis como una cualidad de Seidel en sus cuentos y en su novela “El dulce olor de Puerto Perla”, donde fluye mucho más libre como narrador, deja entrever en esta novela una preocupación constante por afianzarse en certezas, abandonando el espíritu creativo en detrimento de sus propios recursos literarios. Las historias que confluyen en la novela, pudieron haberse entretejido para alcanzar el culmen en esa búsqueda del origen, sin que al final logren construir un solo matiz literario para alcanzar el propósito novelístico.

Dentro de la lectura, llama mucho la atención el uso de cursivas y comillas, como queriendo referenciar con ello que lo ahí dicho no es de su autoría, a tal punto que permanentemente se debe acudir a los buscadores para encontrar de quién son esos textos y porqué se incluyen en la novela, perdiendo de esta manera una lectura más fluida.

Además de algunas anacronías, como mencionar que los bucaneros ingleses merodeaban las costas del Pacífico de América del Sur en las primeras décadas del siglo XVI. Así mismo se ponen comidas e ingredientes que aún no habían llegado al territorio, se habla del ceviche de corvina preparado con cebolla morada, cilantro y pimienta negra, todos productos europeos importados después, así mismo del ají de gallina que se popularizó en el Perú casi a mediados del siglo XIX, o de la causa rellena, que surge en 1820 a raíz del proceso de Independencia y cuyo nombre obedece a su elaboración como una causa para recoger fondos para los patriotas, quizá debió hacerse alusión al ruxru, este si de origen incaico.

En el fondo, quizá, esto no altere para nada la historia narrada, sin embargo en la novela histórica muchas veces es necesario tejer con filigrana la palabra y el dato, baste recordar que en la novela “El general en su laberinto”, García Márquez puso a expertos y hasta a expresidentes a averiguar si Bolívar se habría sentado en un árbol de mango a comer la fruta, encontrando que esta fue importada a América años después de su muerte.

La novela de Seidel invita a reflexionar sobre como la licencia narrativa equipara a  los novelistas con historiadores, entendiendo que una cosa es una novela y otro es un libro de historia, lo que a mi modesto modo de ver, al usar tantas citas -en este caso no referenciadas-, no logra el autor encajar el ADN de una y otra para lograr una novela histórica, si es que ese fue el propósito, o una novela de ficción, en donde se extrañaría el tono medido y sintético de las obras de Seidel.

La historia del profesor Alcibíades y la del crítico literario que rechaza la obra, pudo haberse aprovechado mucho más, sin embargo lo que queda es la sensación de una anécdota que en nada contribuye a esa búsqueda de la semilla, el horizonte se pierde en esa maraña de datos externos que pudieron haberse transcrito literariamente, para así no dejar el sabor de un informe técnico. ¿Acaso un alter ego de un acontecimiento sobre el proceso de escritura y de lectura de un externo? En esta discusión, Seidel escribe:

“Licenciado, porque la novela es la mejor herramienta para contar verdades envueltas en una sarta de mentiras. Y como remedio para mis males, es también perfecta. Por ejemplo, algo que me sienta de maravilla es meter en la novela personajes o acontecimientos reales, pero tan salpicados de anécdotas inventadas o tomadas de otro sitio, que nadie podría acusarme de haberlos robado de sus vidas. La novela es una mentira que trata de narrar la verdad. Todos somos mentirosos cuando escribimos”.

Este párrafo no tuviese mayor trascendencia, si en el diálogo que tuvieron en la Feria del Libro de Cali William Vega y Oscar Seidel, el autor primero hubiese negado que Alcibíades García era su alter ego, para más adelante mencionar que hubo diferencias entre el revisor de la novela y él, a tal punto que por ello esta no fue editada en España y que los capítulos 22 y 33 son reales. De donde se colige que ese lector intuyó el dilema que se presenta en la novela, ya que no es ni de ficción ni tampoco es histórica, dejando el amargo sabor de una mezcla entre historias que no se entrelazan y extensas citas de otros autores que fácilmente identifica un lector medianamente avezado, que termina con capítulos que parecen mucho más textos de historia que parte de una novela.

En el mismo diálogo, Seidel anota algunos libros que consultó para la escritura, encontrando en nuestra lectura, entre otros: Stefan Sweig, “Momentos estelares de la humanidad”; Fernando Pajares, “El polizón que descubrió el Mar del Sur”; Natalia Cabrera, “Los Awá, un pueblo que se niega a desaparecer”; largas citas del texto de Harold Santacruz Moncayo, “T”ah ák Chan án Y Siaan k” aan: Los viajeros mayas pobladores de los pastos”; Juan David Montoya Guzmán, “Mestizaje y frontera en las tierras del Pacífico del Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII”, Gerardo León Guerrero Vinueza, “El ”Otro Oro” en la Conquista de América: las Mujeres Indias, el Surgimiento del Mestizaje” (Algunos apartes citados aparecen en la novela sin comillas y sin cursiva, p. 66); Markus Wirnsberger, “Carlos V y las Américas”; Rafael Varón Gabai, “La ilusión del poder”; Roberto Ochoa, “Doña Francisca Pizarro Yupanqui, la princesa mestiza noble del Perú”; adecuaciones de “los 10 buques mitológicos más famosos”, publicado en sectormaritimo.es; Ana María Lorandi, “Ni Ley, ni Rey, ni Hombre Virtuoso. Guerra y Sociedad en el Virreynato del Perú Siglos XVI y XVII”; Faustino Arias Reinel, “Monsieur Riviere”; Alonso Valencia Llano, “Los orígenes coloniales del puerto de Buenaventura”; Alberto Gil Quispe, “Hernán Cortés y Francisco Pizarro, familiares y rivales de fama”; César Cervera, “Hernán Cortés vs Francisco Pizarro, la familia española que conquistó los grandes imperios de América”.

Extrañamos en este libro el tono mesurado y medido de Oscar Seidel, ese que podía en esta subjetividad lectora y manía de comparar, llevarnos a la magia mítica de “Viaje a la semilla” de Carpentier.

La novela fue publicada por encargo en Amazon, razón por la cual carece del trabajo editorial que puede en muchos casos ser garantía de cierta calidad, aunque este tema merece una discusión aparte, que con seguridad la daremos en otro momento.

Seidel, O. (2021). En busca de la semilla. Independently published.

  1. Mauricio Chaves-Bustos

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