El “sonsureño” patrimonio colombiano

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Por: Julián Bastidas Urresty

En el Congreso de la República el congresista Erick Velasco promueve que el “Sonsureño”, música que identifica a la población nariñense, sea declarado Patrimonio Cultural de la Nación.

Es indudable que la música es la expresión de una sociedad o de un grupo humano que se manifiesta en elementos culturales, sociales, de acuerdo a su historia, antropología, etnografía, las formas físicas del territorio, el paisaje, el pensamiento de las gentes, sus creencias metafísicas y terrenales y se expresa notablemente en fiestas y carnavales, cantando y bailando. Siguiendo estas pautas escribí y publiqué, hace ya 20 años, el libro “Son Sureño” con un enfoque que aborda, de manera teórica, una aproximación a la historia de la música nariñense y, por primera vez, sienta las bases para el conocimiento y definición del “Sonsureño” que hoy se identifica como un elemento característico, valioso patrimonio de la cultura musical de los nariñenses.

A manera de resumen podemos afirmar que el “Sonsureño” nace de un proceso de hibridación o fusión de varias culturas musicales. Es, en primer lugar, un bambúco fiestero colombiano que los guitarristas nariñenses interpretaron con un ritmo y rasgueo particular de la guitarra según el lugar de la variada geografía física y humana nariñense. Tiene aportes de la comunidad afrodescendientes asentada en el valle del Patía y del “currulao” litoral pacífico. Un influjo importante llegará del sur, del vecino ecuatoriano con huainos, albazos y de bellos y bailables sanjuanitos, que tanto gustan en Nariño. Esta influencia sureña es el lenguaje musical básicamente pentatónico, aire melancólico e innato de la de la cultura incaica y es esta la influencia rítmica y melódica que más diferencia al Sonsureño del bambuco de la zona andina colombiana.

El impacto del libro superó las expectativas pues abrió el camino a varias investigaciones. Se publicaron otros libros dedicados al mismo e importante tema. Se hicieron unas 11 tesis de grado en diversas universidades de Colombia y también una maestría en Francia. También se han organizado ciclos de conferencias e ilustres músicos han mostrado su destreza en versiones instrumentales. En la universidad de Nariño el profesor Menandro Bastidas inició el enfoque del “Sonsureño” con el estudio académico que le faltaba. Hoy es objeto de investigaciones académicas que han avanzado notablemente en el análisis de la estructura, el ritmo y la melodía. Es lamentable que la Dirección cultural del Departamento se interesa más en promover la música folclórica ecuatoriana que nuestra propia expresión regional.

Músicos empíricos y académicos buscan en nuestra música popular las fuentes para la construcción de propuestas novedosas. Hoy se distingue un “Sonsureño” urbano y otro campesino. El primero ha evolucionado desde los vientos típicos de los andes, hasta la gran orquesta con primacía de la percusión impetuosa y apasionada, con sabor a currulao. Hay quienes han introducido acordeones y violines en su instrumentación. También se han tomado expresiones musicales contemporáneas, con sonoridades híbridas iniciadas por el grupo Bambarabanda y otro definitivamente, típico, alegre divertido del grupo los Ajíces de Sandoná, con letra genuina extraída del diccionario de la lengua pastusa. El sureño campesino tiene una estructura musical simple, sin mayor instrumentación. Es bastante popular en su composición letra y baile haciendo alusión a la vida y costumbres rurales con clara influencia del albazo ecuatoriano. En este campo se destaca, por ejemplo, el trío Fronterizo que toma la tónica campesina para interpretar un son sureño muy gustador y bailado con gracioso movimiento de los brazos. Hoy la modalidad campesina tiene más sonoridad pues se le ha Introducido bajo eléctrico y una percusión sencilla.

En la conclusión del libro escribí que el “Sonsureño” debiera fusionarse con otras músicas del mundo, pero sin perder la esencia regional y que debía ser declarado como Patrimonio cultural de los nariñenses. El emprendimiento del representante Erik Velasco para que sea declarado Patrimonio Cultural de la Nación, es un gran homenaje a tantos y virtuosos músicos nariñenses del pasado y presente y debe servir no solamente para valorar nuestra cultura sino también para alcanzar mejor remuneración a sus intérpretes.

La declaratoria de Patrimonio Nacional es sobre todo un homenaje a un pueblo que ha vivido históricamente al margen del país, pero que ha concebido su propia cultura, que siente esta música en lo profundo del alma, que une y afianza el sentido de comunidad sobre todo en tiempo de fiestas y carnavales.

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