La utopía de cambiar todo

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Todos especulamos siempre sobre el vivir en una comunidad mejor que aquella en la que en la actualidad estamos, meditación que de manera general se aparta de la realidad y nos hace terminar en el terreno de los sueños. Reflexiona el pobre sobre su miseria; contempla la clase media a cerca de su comportamiento idiota de igualarse a los ricos, y estos últimos cavilan con la pérdida de su patrimonio a costa de las revoluciones socialistas, y golpes económicos de toda índole.

Especular no es difícil, sólo hay que tener imaginación para hacerlo.  Se parte del conocimiento de lo que nos rodea, y terminamos con lo que debemos evitar.  Se forma así, la utopía del cambio: se engaña el político con reformas agrarias en terrenos de latifundios; se distrae la iglesia con programas de control natal en etnias cuyo sistema fisiológico se lo impide; los países subdesarrollados se

confunden, unos con modelos económicos de los países más ricos que no son aplicables, y otros con programas de la intervención total del gobierno, copiados de otros estados en que presumiblemente ha funcionado, y en donde la supuesta injusticia trata de acabarla con los métodos menos honestos.

Sin embargo, las utopías superan los límites del sueño, y se convierten realidad en las mentes ilusas de muchas personas. “Repite una mentira con suficiente frecuencia y se convierte en verdad”, es una ley de propaganda con frecuencia atribuida al político nazi Joseph Goebbels. Entre los psicólogos, esto se conoce como el efecto de la “ilusión de verdad”.  Este principio ha llevado a utopistas al poder para dilapidar economías nacionales, y cambiar el rumbo de la historia.

La utopía implica limitaciones de cumplir las promesas con trabas. Si el pobre no tiene techo, el utopista le ofrece vivienda barata, sin cambiarle la miseria que lo rodea. El empresario propone mejor salario a sus obreros y empleados, con la condición que trabajen a una productividad del cien por ciento. El experto en mercadeo quiere aumentar las ventas del negocio con precios baratos, eso sí, disminuyendo la calidad del producto. En Colombia todos queremos el cambio social, pero haciendo elucubraciones clandestinas desde la casa, el parque, o en el café de la esquina, dando pie para que cualquier oportunista que tenga poder lo haga a su manera y amaño.

En términos generales, la utopía plantea una Sociedad planificada que debería ser eficiente y justa, asunto difícil de conseguir en este mundo distanciado por problemas de clases, etnias, religiones, y sistemas políticos y económicos. A pesar de ello, existieron utopías que con base en las insistencias de quienes las crearon, tuvieron cierta vigencia: El ascenso al poder de Hitler y su teoría de la hegemonía de la raza aria; la teoría de Karl Marx de derrumbar del Capitalismo por parte del Comunismo; y la Declaración Balfour de los ingleses que, hace 106 años, con 67 palabras escritas en una hoja de papel iniciaron uno de los conflictos más difíciles de resolver de los tiempos modernos: lograr la paz entre judíos y árabes.

Desde 1958 hasta 1974, se postuló el eterno candidato a la Presidencia de la República de Colombia, el doctor Goyeneche, impulsado por los estudiantes de la Universidad Nacional, quien en su future programa de gobierno siempre prometía las utopías de mantener a los aviones de las fuerzas aéreas bombardeando las nubes que se acercaran a Bogotá, para que dejara de llover , o ponerle un techo a Bogotá para evitar los efectos de la lluvia; pavimentar el río Magdalena desde Girardot hasta Barranquilla, para lo cual únicamente había que agregar arena y cemento, y revolver la mezcla; y tener un inodoro portable en cada casa, un “retrete que por debajo no tiene tubos, sino un horno crematorio que vuelve mierda la caca”.

Los diferentes gobiernos de Colombia, no se podían quedar atrás en la formulación histórica  de las siguientes utopías sobre programas gubernamentales que no se cumplieron en su totalidad: La Reforma Agraria;  Las cuatro estrategias; Para cerrar la brecha; Plan de integración social; Cambio con equidad; Plan de economías social; La revolución pacífica; El salto social; Cambio para construir la paz;  Hacia un estado comunitario;  Estado comunitario y Desarrollo para todos;  Prosperidad para todos;  Todos por un nuevo país;  y Pacto por Colombia, Pacto por la equidad.

  Del actual gobierno, cuyo programa se llama “Colombia, potencia Mundial de la vida”, que plantea la hora de cambiar mediante un nuevo contrato social para el buen vivir y el vivir sabroso, ya se le han visto algunas especulaciones como la de unir a Buenaventura y Barranquilla mediante un tren elevado, y financiar su construcción con el fondo de las pensiones de los colombianos, y algunas otras más llenas de incredulidad.

En el libro “Los bienes terrenales del hombre”, el economista norteamericano Leo Huberman escribe: “Toda utopía obedece al principio básico de formular el plan de una Sociedad ideal, interesar a quien detenta el poder en el proyecto, experimentarlo en pequeña escala, y confiar en la cordura del pueblo para ponerlo en práctica”.

  He aquí la raíz de la utopía con la que muchos sueñan.

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