“Porque no te suicidas y yo te hago el favor de escribir el libro?” (sic), la amable propuesta de un Hooligan de la política

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Por Tirso Benavides Benavides

Si algo ha caracterizado esta elección presidencial es el bajo nivel en el debate electoral, o mejor, la bajeza, empezando por las cabezas de las campañas. Esta actitud beligerante y falta de argumentos de los líderes que optan por el ataque personal y rastrero se contagia a los seguidores y las redes sociales se convierten en la mayor cloaca de estas expresiones de odio. Así, mientras yo estaba relajado en mi casa del árbol entre mis libros y letras de este puente festivo, alguien destilaba veneno en un virulento mensaje que apenas vi hoy y que es una muestra clara de las consecuencias a las que puede llegar el fanatismo político.

Como un ejercicio dialéctico, que tanta falta hace a la democracia hoy, y como un divertimento intelectual, quiero contestar los distintos puntos del “amable” mensaje para demostrar sus contradicciones e incoherencias.

Arranca el furibundo “amigo” de Facebook diciendo que no hará una diatriba pues mi “minúscula persona no merece una sola palabra en ese sentido”, sin embargo, dejando totalmente en claro su ignorancia del significado del término procede a proferir una serie de insultos, ataques e improperios que encajan a cabalidad con lo que quiere decir esta palabra que seguramente le pareció culta. Suele pasar entre quienes quieren aparentar un conocimiento que no tienen.

Este personaje dice que soy “un triste hombrecito rumiando en las redes sus odios, su sectarismo, sus frustraciones, su impotencia, su miopia política “ (así sin tildes como todo su texto). Seguro la sangre que se le subió a la cabeza no lo dejó ver que se estaba describiendo a sí mismo, al menos eso es lo que deja ver su mensaje. Criticar en otros lo que hace. Como seré de sectario que en este mismo medio he escrito textos denunciando el populismo de Paloma al proponer eliminar el SOAT para motos, el show sin propuestas de Abelardo y en el ejercicio del periodismo como contra poder varios de los escándalos del gobierno actual, así como también he defendido al padre de Cepeda de acusaciones infundadas. Se nota que el molesto cibernauta poco lee.

Luego arremete contra mi oficio literario y me califica de “escritor de medio pelo”, crítica válida, si leyó mis libros y no le gustaron, pero realmente lo dudo. Y si así fue, poco me afecta el concepto de una persona que desconoce el significado de las palabras que usa y el uso correcto de los  signos de puntuación. ¿Cuántos libros habrá escrito el belicoso remitente?

Como si le quedara algo por criticar le molesta que ponga “fotos con otros” como si eso no fuera algo totalmente libre y perteneciente al fuero personal de cada quien, todo un facho el señor. Es como si yo criticara que él use en vez de una foto real una caricatura, algo que ya ha estudiado la psicología como un rasgo de que algo anda mal en la mente, pero está en su derecho.

Al final cierra sus geniales argumentos con la frase que da título a esta columna y que cito textual, con todo y horrores ortográficos: “Porque no te suicidas y yo te hago el favor de escribir el libro? Seria la ultima carta para que puedas trascender de algun modo. Piénsalo.” Una amenaza velada que me resbala, porque ya ha sido habitual en mi oficio de periodista, pero que no deja de incomodar, sobre todo a mi hija menor de edad y a mi familia en general. Inmiscuir un tema tan sensible como el suicidio a falta de argumentos válidos carece de justificación.

Obviamente rechazo su “sutil” propuesta de muerte.

Un no aún más rotundo a la propuesta de que cuente mi suicidio, ese ya está contado en dos de mis libros, muestra de que critica desde el total desconocimiento. Además, no le encomendaría tal labor a alguien que ni siquera es capaz de redactar unas pocas líneas.

Cualquiera que lea este mensaje fascistoide pensaría que proviene de un seguidor de la derecha, pero no, se trata de un idólatra del petrismo. Una muestra más de que ambos extremos son idénticos. Una consecuencia de la polarización que vive el país, azuzada desde las dirigencias de los partidos que también emiten mensajes de odio.

Cualquiera pensaría que el mensaje lo escribió cualquier matón de barrio, pero lo más triste es que el remitente del mensaje es Boris Guerrero, quien en sus redes sociales dice ser profesor en la Normal. Todo un “educador” de educadores. Ojalá no aproveche su noble profesión para adocrinar.

Lo más irónico es que a este expresivo ciudadano adepto a la copralalia lo conocí ya hace años y nunca lo volví a ver, por fortuna. Hasta hicimos parte de la misma lista al Concejo de Pasto, la de Convergencia, que representaba los sectores progresistas. Por esos tiempos no tan remotos, junto a líderes de la izquierda regional como Raúl Delgado o Erikc Velasco, repartíamos en las calles propaganda de Fajardo, coreando el deseo de tener un presidente profesor. La política es dinámica, pero no amnésica.

El irrespeto por los periodistas es una metástasis que también se irradia de arriba hacia abajo en las campañas, si el jefe lo hace porque yo no, es la lógica que impera entre los más sectarios y que demuestra este barra brava que no piensa antes de escribir estos mensajes que atentan contra la libertad de prensa e incluso el derecho penal. Otra cosa que parece ser contagiosa es la megalomanía, el señor Guerrero afirma hacer parte de una estrategia que transformará Colombia y “a lo mejor” todo el continente. Al menos se quedó allí y no al nivel interesteral al que aspira Petro, su mesías.

Si es verdad que el señor Boris Guerrero, quien se autopercibe como una ficha clave del Pacto Histórico, lo es, yo le pregunto a las directivas del Movimiento: ¿están de acuerdo con estas manifestaciones?; de igual manera ¿qué piensan los directivos de la Normal y los padres de familia del actuar de este maestro del plantel?

Para mi este episodio es un déjà vu. Hace años, cuando Uribe estaba en el poder, fui objeto de una serie de ataques digitales por mis denuncias y actitud crítica al gobierno de derecha de entonces. Cuando vivía en la Argentina crearon una página en la que me afirmaban que yo era un “Narcoterrorista pastuso”, un ideólogo de la guerrilla que difundía propaganda subversiva en Sur América.

Todo esto solo me lleva a reafirmar mi consigna: si te atacan de ambos lados lo estás haciendo bien como periodista. El precio de la coherencia y de seguir siempre mis principios.

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