Volví a enseñar

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Del 07 al 10 de septiembre del 2023 tuve la honrosa invitación del gestor cultural Jairo García director de la Bicibiblioteca y el equipo de trabajo conformado por su esposa Dammar Viviana Vanegas, su asistente Dayana Carolina Narváez y demás colaboradores, para asistir a la Primera Fiesta del Libro y la Cultura de Tumaco FILTU 2023. Fue una gran experiencia académica desarrollada en mi tierra, puesto que tuve la oportunidad de mostrar mi obra literaria, y desarrollar el Taller de Lectura Creativa basado en mi novela “Y volar, volar, volar”, ganadora de la línea de Creación Literaria Inédita en Novela 2023 en la Convocatoria Pública Departamental de Estímulos “Mi Nariño Cultura Viva 2023”.

Fue una jornada ardua y agradable el hacer presencia en los colegios Santa Teresita; Nueva Florida; Liceo Nacional Max Seidel; I.EG Mixta Colombia, y en el Coliseo Cubierto de La Misional, cuya población estudiantil puede superar fácilmente los 5.000 alumnos.

No deja de ser emocionante el volver a enseñar. La sensación de convertirnos en maestro pone a nuestra mente y a nuestro corazón en una tensión entre lo estimulante de lo nuevo y la desazón propia de lo desconocido.

Asumir otra vez el papel de ser maestro, con sus angustias, sus logros y sus preocupaciones, hace que renazcan habilidades olvidadas, que se manifiesten miedos insepultos y que nuestra cotidianidad sufra cambios. El pararnos ante un tablero y un salón de clases de nuevo, y mostrarnos atentos a las preguntas de los estudiantes es, a todas luces, un tiempo de renovación para ellos y para mí. Cambiarles las rutinas a las que venían acostumbrados; cambiar las prioridades; cambiar los planes personales; cambia el horizonte de su futuro. Y, sustancialmente, variar sus hábitos.

Si no logramos que nuestra voluntad ordene nuestras aspiraciones, el impulso de enseñar se hará trizas a nuestros pies. Dictar el Taller de Lectura Creativa basado en el tema de la novela “Y volar, volar, volar”, nos demandó encontrar horas para leer, para escribir, para discutir con los otros maestros y estudiantes; y, de igual modo, disponer de un lugar y de tiempos para cumplir con las respuestas a los cuestionamientos literarios.

 Es evidente que asumirse como maestro es aceptar responsablemente atender las preguntas y dar las respuestas oportunas. Si no se asume ese requisito será muy difícil, por no decir desagradable, el retornar a las aulas. La lectura es el yunque que nos permite saber la dureza de nuestros propósitos, la consistencia de nuestras metas. Dejar de hacerlas o hacerlas a medias es un indicador de que deseamos pasar por el Taller de Lectura Creativa, pero sin que el pase por nosotros.

Las lecturas son el trabajo propio del que se asume como estudiante, son la prueba permanente de sus aprendizajes. En consecuencia, lo fundamental es dedicarse a practicarlas, poniéndoles todo el empeño y estando atentos para descubrir talentos de nosotros mismos que, si no fuera por las lecturas, permanecerían ocultos o imposibilitados de dar sus mejores frutos.

Por supuesto, el regresar a la condición de maestro hace que aparezcan o resuciten determinados temores. Los más comunes son el miedo a no poder alcanzar las metas, el miedo a fracasar; y el temor al error, a equivocarnos o caer en el ridículo. Pero, y eso es bueno saberlo, gran parte de esos miedos son infundados o magnificados por la edad o la ausencia de años de las academias.

 Retornar a enseñar es, de igual modo, adentrarse en el ambiente del diálogo y el trabajo en equipo. No se vive completamente esta vuelta al Taller de Lectura Creativa, si uno no se toma en serio el valor de hacerse a un grupo de estudio o de lectura. Ese parece ser otro beneficio de estar de vuelta a la academia.

Pero lo más importante de volver a enseñar es esa alegría que se posa en nuestro espíritu; ese entusiasmo que invade todo nuestro ser. Tal vez esto se deba a que el sentirnos una vez más maestro es un anuncio de renovación, de resurgimiento. Al reavivar nuestros votos de lectores hacemos que lo esencial de nuestra condición humana recupere su ruta de desarrollo. Ese júbilo es la proclama de que renunciamos a estancarnos, a conformarnos con lo ya sabido.

El mensaje que dejé a los estudiantes tumaqueños es que leer es una forma de reflexión y de aprendizaje. Leer sirve para digerir ciertos hechos, y dialogar con nosotros y al mismo tiempo con el mundo. Ayuda a desenfocar la realidad y de esta manera, encontrarle aquellos otros significados que solamente en ocasiones, se guardan en el subconsciente.

El proceso introspectivo que se realiza al leer, se va desarrollando en cada una de las líneas o párrafos que vamos dejando en el camino. Este camino que se ensancha a medida que logramos descifrar el verdadero contenido de nuestras palabras de lo que queremos decir o aprender.

Volver a leer, por lo mismo, es una oportunidad para refrescar las semillas de nuestro proyecto de vida intelectual. Por eso, volví a Tumaco para enseñar y a inculcar el aprender a leer.

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